Stalin Vladímir
Entre los nombres internacionalistas que acompañaron la historia de la Revolución Popular Sandinista se encuentra Brian Wilson, veterano estadounidense de la guerra de Vietnam, abogado, escritor y activista por la paz cuya trayectoria terminó entrelazada con los años más difíciles de la guerra impuesta que vivió nuestro país durante la década de los ochenta. Su acto heroico en California en 1987 lo convertiría en uno de los mayores símbolos de la solidaridad con Nicaragua, después que un tren le destrozara ambas piernas mientras intentaba impedir el paso de armas y municiones destinadas a la contrarrevolución y a continuar la guerra criminal contra nuestro pueblo. Sin embargo, la historia que lo condujo hasta aquellas vías férreas había comenzado mucho tiempo antes, al otro lado del mundo, bajo circunstancias que terminaron transformando para siempre la vida de aquel joven que creció en un pequeño pueblo del estado de Nueva York sin imaginar que un día su destino terminaría cruzándose con el de la Revolución nicaragüense.
Brian Wilson nació el 4 de julio de 1941 en un pequeño pueblo del estado de Nueva York. Durante la juventud, según relató él mismo años después, no tenía mayores inquietudes políticas y los deportes despertaban mucho más interés que los acontecimientos que ocurrían fuera de las fronteras de su país, muy lejos todavía de los hechos que años después lo conducirían hasta Nicaragua. Aquella realidad cambió cuando fue reclutado para incorporarse al ejército de Estados Unidos y participar en la guerra de Vietnam, un conflicto que terminaría modificando profundamente la manera en que entendía el mundo y la imagen que tenía de Estados Unidos. Hasta entonces aceptaba sin cuestionamientos muchas de las ideas con las que había crecido y la visión que le habían transmitido sobre aquella nación. Sin embargo, apenas unas semanas en territorio vietnamita bastaron para comenzar a derrumbar buena parte de las certezas con las que había llegado a aquella guerra.
Uno de esos momentos que jamás desaparecería de la memoria de Brian fue precisamente el que decidió compartir durante la sesión especial celebrada en la Asamblea Nacional el 28 de abril de 2026, cuando recibió un nuevo reconocimiento como Héroe de la Humanidad en ocasión del Día del Héroe Internacionalista. Durante aquella intervención recordó haber ingresado junto a un guía vietnamita a una comunidad que acababa de ser bombardeada y encontrarse frente a una escena que continuaba acompañándolo décadas después. Entre decenas de cuerpos observó a una mujer abrazando a tres pequeños niños mientras permanecía inmóvil sobre el suelo. Lo que más le impactó, según sus propias palabras, fueron sus ojos abiertos y descubrir que las pestañas habían desaparecido producto del fuego provocado por el napalm.
En medio del desconcierto, el joven soldado estadounidense comprendió por primera vez que aquellas víctimas podían ser su propia familia y que las personas que sufrían al otro lado del planeta no eran distintas a quienes vivían en su país. Fue entonces cuando comenzó a cuestionar las guerras, las intervenciones y la idea de superioridad con la que, según él mismo reconoció, había crecido buena parte de su generación. Aquel proceso lo llevó posteriormente a estudiar la historia de los pueblos indígenas y de las comunidades afrodescendientes en Estados Unidos, descubriendo acontecimientos que, según explicó, nunca habían formado parte de la educación que recibió durante su infancia y juventud.
Ese recorrido intelectual y humano terminó acercándolo a los movimientos pacifistas y a las organizaciones opuestas a las intervenciones militares estadounidenses en otras regiones del mundo. En 1986 tomó la decisión de viajar a Nicaragua y, según relató ante la Asamblea Nacional, lo hizo porque entendió que había sido “ideológicamente lavado” y que la percepción que tenía hasta entonces “no era la verdadera en la historia del mundo”. Durante aquella intervención también recordó que llegó a Estelí para estudiar la guerra y el idioma español. Su llegada coincidió con ataques armados contra cooperativas y comunidades rurales donde perdieron la vida once campesinos, un hecho que le recordó inmediatamente escenas que había presenciado años antes en Vietnam y que reforzó aún más su participación en actividades de solidaridad y rechazo a las políticas impulsadas desde Washington hacia Centroamérica.
Tras sobrevivir al acto de protesta que le costó ambas piernas, Brian continuó participando junto a otros veteranos de guerra en diversas acciones contra las operaciones militares desarrolladas por Estados Unidos en Nicaragua y El Salvador. Entre ellas destacó una huelga de hambre de cuarenta y siete días durante la cual únicamente consumieron agua mientras permanecían frente al Capitolio estadounidense exigiendo el fin del apoyo a los conflictos armados en la región.
Contó además que él y sus compañeros prepararon sus testamentos porque estaban convencidos de que probablemente morirían durante aquella huelga de hambre y explicó que la inspiración para continuar adelante provenía de las huelgas protagonizadas años antes por militantes irlandeses encabezados por Bobby Sands. Al finalizar aquella experiencia descubrieron que el FBI los había clasificado como terroristas domésticos, una situación que para Brian terminó convirtiéndose en otra muestra del trato que recibían quienes cuestionaban la política exterior estadounidense y se pronunciaban contra las guerras impulsadas por Washington en distintas regiones del mundo.
Ya ante los diputados de la Asamblea Nacional, Brian retomó las palabras que dieron nombre a su exposición, manifestando: “Y en ese momento de prepararnos, perdí mi miedo a la muerte. Sabiendo que a Reagan teníamos que enfrentarlo, teníamos que hacer protesta. Y en ese momento, en la preparación, perdí el miedo a la muerte, perdí el miedo a tener miedo”.
Más adelante expresó el profundo agradecimiento que siente hacia Nicaragua y hacia la Revolución nicaragüense. “No puedo agradecer al pueblo nicaragüense lo suficiente, agradecerles por la Revolución de Nicaragua. Fue un punto de partida para mí en mi lucha. Fue un punto de partida para mi pueblo entender lo que estaban haciendo los Estados Unidos y el sistema imperialista en contra de estos pueblos y entenderme a mí en mi lucha”.
Brian también confesó su sorpresa por el homenaje recibido al afirmar: “Ni idea tenía yo de que esto iba a ser una sesión muy especial para los Héroes y para el Pueblo nicaragüense. Para mí, yo venía a ser un invitado más en una sesión del Parlamento nicaragüense. Así que también estoy en shock de todo esto que está pasando y que soy el invitado de honor”.
Horas después de aquella sesión especial en la Asamblea Nacional, la Compañera Rosario Murillo retomó las palabras pronunciadas por Brian Wilson y expresó:
“El compañero Brian Wilson reaccionó y dijo: ‘Aprendí, o mejor dicho, perdí el miedo a tener miedo’. Es una frase tan sabia, porque cuando uno se enfrenta a esa miseria, de verdad surge el espíritu; surge el alma que no tiene miedo, y se pierde el miedo. El ser humano, la persona que, como Brian, tiene alma y tiene amor, es extraordinaria; decide luchar, luchar para que esos crímenes, esa barbarie y ese salvajismo cesen”.
“Luego fue contando cosas que incluso no sabíamos: cómo vino a Nicaragua, cómo estuvo en Estelí y cómo acompañó a otros hermanos norteamericanos decididos a luchar contra la guerra de Reagan en Centroamérica.
Y uno dice cuánto hemos vivido, y cuánto orgullo de haber sido acompañados, en todos los tiempos, por grandes seres, por seres excepcionales, por seres especiales como Brian Wilson, y todos esos hermanos que desde tantas partes del mundo vinieron a acompañar y a luchar hombro con hombro, alma con alma, mano con mano, espíritu con espíritu, por la Paz en tantos países y pueblos; por la Paz para la familia humana, por la concordia, es el mandato de Cristo Jesús de amar al prójimo como a sí mismo”, finalizó la Copresidenta Compañera Rosario Murillo.
Por esa razón, este artículo ha sido dedicado a Brian Wilson, porque su historia quedó escrita junto a uno de los períodos más difíciles que enfrentó la Revolución Popular Sandinista durante la década de los ochenta y a la resistencia del pueblo nicaragüense frente a la guerra criminal impulsada desde Washington contra nuestro país. La Asamblea Nacional ya le había otorgado anteriormente la Orden General José Dolores Estrada, Batalla de San Jacinto, mientras que hoy su nombre también permanece presente en escuelas gratuitas de idiomas promovidas por el Buen Gobierno Sandinista, como una forma de agradecimiento a Brian Wilson, el Héroe de la Paz.
