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Sandino, su pensamiento de lucha desde lo espiritual y religioso

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El General Augusto C. Sandino, es el más grande ideólogo y pensador de Nicaragua, y uno de los símbolos revolucionarios más importantes de Latinoamérica, su influencia en la resistencia contra el imperialismo estadounidense ha perdurado por generaciones por todo el continente.

Sin embargo, el General Sandino también pertenece a un selecto grupo que despertó su rebeldía a partir de prácticas espirituales, religiosas y místicas. En el caso del nacido en Niquinohomo su vínculo con lo espiritual se despertó durante su estancia en México.

Sandino se fortaleció espiritualmente debido a que el Partido Comunista Mexicano lo trasladó a la ciudad de Mérida (sur de México), en donde tuvo contacto por segunda vez con la logia masónica de ese país. Ahí mismo, un amigo masón lo dirigió con la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal (EMECU) y los escritos de Joaquín Trincado.

Hay otra dimensión del pensamiento de Sandino en la que hay que hacer hincapié, precisamente porque en el pasado no siempre se han logrado conocer ni practicar, y es la presencia de la espiritualidad, la ética y la moral en la lucha del General de Hombres y Mujeres Libres.

Para Sandino la emancipación también es espiritual y ética. Desde joven emprendió la búsqueda de la verdad que explicara la razón del sufrimiento propio y ajeno. Buscaba entender, como él decía, «las relaciones más profundas de las cosas, leyendo todo lo que a mi juicio es moral e instructivo». Sandino incursionó profundamente en el campo de la filosofía buscando siempre la superación personal y el significado de la vida.

En la histórica entrevista que brindó el General Sandino al periodista vasco Ramón de Belausteguigoitia, en febrero de 1933, se descubre ese conjunto de pensamientos referente a lo espiritual y religioso que poseía, en donde expresó que “Sí, del espíritu, claro está; el espíritu supervive, la vida no muere nunca. Puede suponerse desde el principio la existencia de una gran voluntad. Como le digo, la gran fuerza primera, esa voluntad, es el amor. Puede usted llamarle Jehová, Dios, Alá, Creador (…)”.

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La gran parte de los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, nunca lograron conocer a Sandino en persona, pero le fueron leales hasta la muerte, viendo en él no solo al dirigente militar sino también al maestro espiritual.

Referente a esto, Sandino enfatizó “estamos compenetrados de nuestra misión, y, por eso mis ideas y hasta mi voz puede ir a ellos más directamente. El magnetismo de un pensamiento se transmite”.

“Hablándoles muchas veces sobre los ideales de la justicia y sobre nuestro destino, inculcándoles la idea de que todos somos hermanos. Sobre todo, cuando el cuerpo desfallece es cuando he procurado elevar su espíritu. A veces, hasta los más valientes decaen. Es necesario conocerlos, seleccionarlos. Y alejar el temor, haciéndoles ver que la muerte es un ligero dolor, un tránsito”.

También, compartió acerca de su creencia en las fuerzas de la naturaleza que obran en los hombres sin la acción de la palabra:

“(…) yo mismo lo he experimentado no una, sino muchas veces. En varias ocasiones he sentido una especie de trepidación mental, palpitaciones, algo extraño dentro de mí. Una vez soñaba que se acercaban las tropas enemigas y que venía con ellos un tal Pompilio, que había estado antes conmigo. Me levanté inmediatamente y di la voz de alarma, poniendo a todos en plan de defensa. Dos horas después, todavía sin amanecer, los americanos estaban allí, iniciando el combate”.

Para Sandino la política no es separable de la fe ni de la ética, creía en un ser supremo, pero sin considerarse católico ni cristiano. De hecho, Sandino mencionó que “las religiones son cosas del pasado. Nosotros nos guiamos por la razón. Lo que necesitan nuestros indios es instrucción y cultura para conocerse, respetarse y amarse”.

Sandino tenía fe, no en la religión institucionalizada, sino en la religión que responde a la exigencia espiritual de toda persona o de un pueblo. En la redención del hombre, la mujer y la sociedad a partir de la fuerza, que él llama Amor, que él llama Divina Justicia, y que es implacable.

En la liberación no a partir de una inspiración divina o de la aparición de algún Mesías, sino a partir de la conciencia. Sandino le explicaba a su tropa: «No hacen falta los redentores, la persona es capaz de redimirse a sí misma».

Para Sandino la liberación de la patria pasa por la liberación del individuo, por el desprendimiento de vicios, por el amor a la comunidad, que es también identificación con otros pueblos en lucha. Frente a la vida, Sandino exalta la importancia de la energía personal, de la fe, del optimismo, de la voluntad, de la conciencia étnica, de la juventud y de las nuevas generaciones, cuenta con la mística revolucionaria. El sandinismo encierra por esto posibilidades de superación moral, espiritual y material.

Por eso es que Sandino no visualizaba la finalización de su lucha con el retiro de los marines. Su insistencia es en los valores libertarios “Hablándoles muchas veces sobre los ideales de la justicia y sobre nuestro destino, inculcándoles la idea de que todos somos hermanos. Sobre todo, cuando el cuerpo desfallece es cuando he procurado elevar su espíritu. A veces, hasta los más valientes decaen. Es necesario conocerlos, seleccionarlos. Y alejar el temor, haciéndoles ver que la muerte es un ligero dolor, un tránsito”.

Sandino y la ética del compromiso

En cuanto a la ética, con el General Sandino surge y se encarna una de compromiso con Nicaragua y la humanidad como concreción y posibilidad de libertad, justicia y auto determinación de los pueblos sin importar el sacrificio personal “nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte y si morimos otros nos seguirán”, afirmó.

Puntualizando en “yo no me vendo, ni me rindo… creo cumplir con mi deber y mi protesta quede para el futuro escrita con sangre”, muestra una actitud radicalmente comprometida en la acción de defensa del decoro nacional a través de la guerra de liberación nacional antimperialista, poniendo en práctica una ética del sacrificio como afirmación mística de una nueva cultura política revolucionaria que trascendería lo coyuntural para cimentar en el pueblo un legado moral y político sandinista imperecedero.

Para librar la guerra de liberación nacional Sandino tuvo que construir una fuerza militar popular sobre la base de un nuevo concepto nunca antes elaborado en la historia militar del país, el Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional se formó con voluntarios unidos por un espíritu de hermandad cimentada en la mística del sacrificio y entrega a una causa nacional, lo que constituye un logro histórico extraordinario tomando en cuantas las condiciones adversas que tuvo que enfrentar.

Dejando en claro su lucha y la ética de cumplir una causa mayor como compromiso de vida, se encuentra la realización en la consecución de los fines libertarios, deconstruyendo la acción entreguista del ejercicio político tradicional que caracterizaba a los grupos liberales y conservadores.

Sin duda, el ideario del General Sandino no solo recae en ese pensamiento antimperialista, sino que va más allá, poniendo como punta de lanza alcanzar la libertad del ser, no solo de yugos impuestos por las potencias, sino los de los pensamientos más profundos, que lleva a lo espiritual.

Referente al porvenir, el Héroe Nacional decía que “Sí; cada uno cumple con su destino; yo tengo la convicción de que mis soldados y yo cumplimos con el que se nos ha señalado. Aquí nos ha reunido esa voluntad suprema para conseguir la libertad de Nicaragua”.

Fuente: Entrevista de Ramón Belausteguigoitia al General de Hombres y Mujeres Libres, en febrero de 1933, en San Rafael del Norte.

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