Opinión

Sandino está aquí

Radio Nicaragua 19 de julio de 2026

Stalin Vladímir

Augusto C. Sandino hizo de su espíritu un territorio de incesante búsqueda. Ninguna respuesta le bastaba cuando se trataba de comprender el origen de la vida, la naturaleza del ser humano o el propósito de la existencia. Detrás del hombre que caminaba por las montañas habitaba un estudioso que dirigía su mirada hacia el universo, la creación y las leyes invisibles que sostienen cuanto existe. Esa inquietud lo llevó a recorrer caminos de conocimiento donde la masonería, el espiritismo, la meditación, el yoga y la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal pasaron a formar parte de su formación interior, fortaleciendo el alma, disciplinando la conciencia y elevando el espíritu para comprender con mayor profundidad el sentido de la vida.

El amor representó para el general Sandino el principio supremo de toda existencia. En su Manifiesto de Luz y Verdad escribió que antes del éter, antes de la materia y antes de todo cuanto puede verse o tocarse, existió una gran voluntad del Ser que tomó el nombre de Amor. Desde esa convicción contempló la creación como una manifestación de la fuerza divina de Dios, capaz de dar origen al universo visible e invisible. En ese mismo manifiesto presentó el amor como la esencia de donde brota la vida, la energía que sostiene la naturaleza y la fuerza que transforma al ser humano desde lo más profundo de su conciencia.

De ese mismo amor nacía la Justicia Divina. Augusto C. Sandino la entendía como una ley superior que no podía separarse de la verdad ni de la dignidad humana. Para él, la injusticia rompía el equilibrio de la creación porque negaba el propósito mismo para el cual fue concebido el ser humano, condenándolo al hambre, sometiéndolo a la explotación, reduciéndolo a la esclavitud, hundiéndolo en la desigualdad y colocándolo bajo la dominación de otros. Por eso afirmaba que la injusticia no tenía razón de existir en el universo, convencido de que la armonía solo podía alcanzarse cuando el espíritu humano volviera a encontrarse con la verdad y con el amor que le dio origen.

Su pensamiento recorría el universo con la misma naturalidad con que observaba la vida cotidiana. En la extensa carta que dirigió el 12 de mayo de 1931 a José Hilario Chavarría, el ciudadano que días antes le había enviado un traje de montar, reflexionó sobre la creación del ser humano, la evolución de la humanidad, el despertar de la conciencia, el nacimiento de la propiedad, las desigualdades y la pérdida del sentido de fraternidad. Más que construir una explicación histórica, buscaba descubrir el hilo invisible que une el destino de los pueblos con la transformación interior de cada persona. Para Sandino, entender la existencia significaba también comprender las causas profundas de la injusticia y reconocer que ninguna sociedad podía elevarse mientras el ser permaneciera prisionero de la ignorancia.

Esa búsqueda de la verdad conducía, de manera natural, a otro de los grandes principios de su pensamiento, la unidad entre los pueblos. Para Sandino esta trascendía cualquier frontera, porque consideraba que todos los seres humanos compartían un mismo origen y una misma esencia. Por eso no encontraba diferencias esenciales entre los pueblos y afirmaba que todos aspiraban a la justicia, la paz y la dignidad. La fraternidad debía extenderse a toda la humanidad, sin distinción de nacionalidad, raza o condición social. Para él, los hombres y las mujeres podían reconocerse como parte de una misma familia humana, unida por valores espirituales que trascienden fronteras, razas e intereses materiales.

Quienes conocieron esa dimensión mística de Augusto C. Sandino difícilmente podrían pensar que su presencia quedó sepultada con el paso de los años. Para ellos, un ser que dedicó su vida a cultivar el espíritu trasciende la muerte y permanece junto a los pueblos que mantienen viva su causa. En este 19 de Julio, cuando miles de nicaragüenses se congregan en la Plaza de la Fe para conmemorar el 47 aniversario del triunfo revolucionario, Sandino también está presente desde esa dimensión espiritual que él mismo abrazó durante su vida, acompañando una celebración donde su legado continúa siendo invocado y recordado como parte viva de la historia nicaragüense.

Las reflexiones sobre la dimensión espiritual de Augusto C. Sandino no solo han sido objeto de estudio entre historiadores e investigadores. También han ocupado un lugar especial en el pensamiento de la Compañera Rosario Murillo, sobrina nieta del General de Hombres y Mujeres Libres, quien en distintas ocasiones ha compartido su visión sobre el legado humano, místico y trascendente del héroe nacional. A continuación, sus palabras:

“Sandino, el inmortal, el trascendente, el espiritual, el profundo, el maestro y el padre de la Revolución Popular Sandinista”, y agregó, Sandino sigue viviendo en nuestras luchas, en nuestros afanes y en la ruta de porvenir que caminamos los nicaragüenses.

“Nosotros, nosotras los sandinistas vemos en Sandino al profeta, al visionario, al guía; vemos en Sandino esa búsqueda permanente de superación, un campesino que apenas sabía leer y que llegó a comprender su misión trascendente en la vida y a llenarse de fe, de capacidad y de poder para cumplirla”, valoró la Compañera Rosario.

Destacó que: “Sandino no utilizó armas y sin mayor fuerza que sus manos y su confianza en él mismo y en el pueblo de Nicaragua, sin mayores elementos que su fortaleza de espíritu, Sandino se lanzó al viaje hacia la inmortalidad al luchar contra el imperio más poderoso del planeta sólo con un puñado de hombres”, concluyó la Copresidenta de Nicaragua, Compañera Rosario Murillo.

Sandino, Siempre Más Allá

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