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San José de las Mulas, símbolo de la fuerza juvenil revolucionaria

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Eran 23, los jóvenes valientes con edades comprendidas de 13 a 24 años de edad, algunos estudiantes de secundaria, integrantes de Juventud Sandinista 19 de Julio y originarios de Managua, los que fueron asesinados cobardemente un 27 de febrero de 1983 en la comarcar San José de las Mulas en el municipio de Matiguás, Departamento de Matagalpa.

Ellos formaban parte de un grupo de 47 miembros de Juventud Sandinista, que llenos de entusiasmo se movilizaron hasta esa zona para compartir con los campesinos el proyecto revolucionario, incluyendo la alfabetización.

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Su entrenamiento duró apenas 20 días y se integraron al Batallón 30-62. Estaban mal armado, con obsoletos fusiles VZ-52, que fueron fabricadas posterior a la Segunda Guerra Mundial en Checoslovaquia.

Los jóvenes habían llegado hasta esta zona, para cumplir la misión de aprender del campesinado, presentarles los proyectos revolucionarios, compartir y departir momentos de alegría.

Con el entusiasmo que caracteriza a la Juventud Sandinista 19 de Julio, tocaban guitarra, cantaban, celebraban a la niñez, conversaban con los pobladores y luego se dirigían a descansar a la “Escuelita”, lugar donde estaban alojados temporalmente.

El cruel “Renato” dirige el ataque a la juventud

Ese domingo 27 de febrero de1983 – exactamente hace 39 años – se registró la batalla que duró siete horas y en el cual el grupo de 47 jóvenes fue atacado por cerca de 600 hombres de una agrupación de la contrarrevolución, quienes llevaron la orden de dar el golpe.

Todo surgió cuando la contrarrevolución conoció sobre la presencia de los jóvenes sandinistas, ya que la noche anterior habían celebrado un acto en honor al comandante Camilo Ortega Saavedra. Fue en ese momento que los jefes de la Fuerza Democrática Nicaragüense que tenían base en Honduras, que ordenaron el ataque.

Las Fuerzas Democráticas Nicaragüenses, tenían entrenamiento combativo, armas y avituallamiento proporcionado por Estados Unidos. Estaba integrado por antiguos soldados y oficiales de la Guardia de Somoza, los jóvenes solo tenían su juventud, sus ganas de vivir, su amor a la patria.

El ex teniente de la Guardia Nacional, Francisco Ruiz Castellón, alias “Renato” y reconocido por su crueldad, fue quien dirigió el ataque que inició a eso de las cuatro de la madrugada del domingo 27 de febrero y se extendió hasta el mediodía.

Hasta el final y como verdaderos patriotas, los jóvenes lucharon y combatieron, gritaron consignas, entonaron cantos revolucionarios y no se rindieron, a como lo hacen los verdaderos patriotas.

En el lugar quedaron tendidos los cuerpos de estos 23 jovencitos, que con heroísmo y valentía no claudicaron y ellos son:

Ricardo Avilés, Alfonso Orozco, Dolores Madrigal, Guillermo Madrigal, Roberto Talavera Carballo, Giovanni Moreno, Jimy Vásquez, Sergio Granera , Enrique Calderón, Esteban Guido, Julio Saballos, Carlos Lacayo, Saúl Oswaldo Manzanares, Esteban Mendoza, César Balladares, Miguel Castillo, Francisco Loáisiga, Mariano Espinoza, Julio Jiménez, Mac Nery Pérez, Henry Báez, Arnoldo Toruño, Noel Solís Ponce.

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Sobrevivientes de este atentado recuerdan que los cadáveres de los héroes de San José de las Mulas fueron profanados y fue tanto el odio de los atacantes que la bandera roja y negra del Frente Sandinista de Liberación Nacional que estaba izada en la Escuelita, fue enlodada, destruida.

“Nuestro trabajo era la relación con el campesino, enseñarles a leer, con el objetivo de servirle a la patria y a la revolución. Ese 27 de febrero se vivió una desigualdad, éramos jóvenes, casi niños, desarmados contra un grupo de guardias armados”, rememora José Alberto Carballo, sobreviviente de la gesta.

En la “Escuelita” se mantiene viva la lucha juvenil

En la “Escuelita” en San José de las Mulas, el mismo lugar donde fueron asesinados los jóvenes, hoy en día se alza airosa la bandera Rojinegra Sandinista que defiende los ideales de Sandino y la Bandera Azul y Blanco que cubre a toda Nicaragua.

En la Escuelita se instaló un monumento con los nombres de los jóvenes asesinados y que recuerda su lucha, su heroísmo.

Sus cuerpos descansan en el Cementerio Oriental, también conocido Periférico en Managua, y con el espíritu de esa juventud de 1983, las nuevas generaciones comparten con el pueblo nicaragüense.

Nuestros héroes y mártires de San José de las Mulas descansan en Paz, porque existen jóvenes y un pueblo sandinista que lucha para vencer, que no se doblega ante el imperio.

Estoy muy agradecida porque se ha reconocido de gran manera el esfuerzo de nuestros hijos; héroes y mártires que se entregaron en cuerpo y espíritu a la defensa de nuestro pueblo, para gozar de una Nicaragua libre y a la vez próspera. Hoy se continúa luchando para erradicar la pobreza y sé que inspirados con el legado de nuestros héroes y el respaldo del presidente lo podemos lograr” expresó María Esther, madre de Alberto Madrigal y Dolores Madrigal.

Doña María recuerda muy bien esa fecha y en especial a su hijo Dolores Madrigal, debido a que se acercaba la fecha de su cumpleaños.

Mientras que Olga Manzanares Morales, madre de Carlos José Lacayo, destaca que la sangre de su hijo no fue derramada en vano, ya que el proyecto revolucionario por el cual ellos lucharon, se ve materializado con el gobierno sandinista.

«Los ideales de mi hijo y los otros jóvenes era enseñar y apoyar a los más pobres y eso ha cumplido nuestro Buen Gobierno con el comandante Daniel Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo; y aunque nos duele la perdida de nuestros hijos, sabemos que valió la pena esa lucha», subrayó.

El legado y principio de esos 23 jóvenes – algunos niños –  hoy se ve materializado, en una Nicaragua que avanza en Progreso y Prosperidad, una Nicaragua que vence y que una vez más deja patentizado que ¡NO PUDIERON, NI PODRÁN!

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