Nacionales

San Jacinto: Batalla de Honor y Gloria

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Colaborador: Pablo Martínez

Cada septiembre, los centroamericanos, se preparan para honrar a los héroes y próceres que tuvieron un papel determinante en la Independencia de Centroamérica del Imperio Español un 15 de septiembre de 1821. Sin embargo, en el caso de Nicaragua, también se conmemora una fecha especial, llena de bravura y valentía, demostración pura del patriotismo ante el extranjero invasor, así como la fuerza unida de toda una región por mantener vigente su libertad. Hablamos del 14 de septiembre de 1856, día en que se libró la Batalla en la Hacienda San Jacinto.

Entre los años 1856 y 1857, Nicaragua, había sido ocupada por parte del ejército filibustero estadounidense, -aventureros militares interesados en el saqueo-, las cuales eran lideradas por William Walker quién se había convertido en una amenaza para la región centroamericana.

El objetivo de estos mercenarios, era claro, el expansionismo abierto de Estados Unidos hacia el resto del continente americano, también había razones económicas, especialmente ligadas al comercio internacional debido a la posición estratégica de Centroamérica, gracias a la contemplación de construir un canal interoceánico a través de Nicaragua pasando por el Río San Juan, en la frontera con Costa Rica y de paso convertir a las pequeñas naciones centroamericanas en repúblicas esclavistas al mando de los Estados Unidos.

Ante esta amenaza, las 5 naciones centroamericanas (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica), se vieron en la obligación de sobreponerse ante sus indiferencias ideológicas entre gobiernos y unir sus fuerzas en luchar contra el expansionismo y yugo opresor del esclavismo estadounidense.

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La unión de estas fuerzas se vio reflejada el domingo 14 de septiembre de 1856, en una pequeña hacienda llamada “San Jacinto”, ubicada al este del municipio de Tipitapa en el departamento de Managua, en la que 160 efectivos de las fuerzas patriotas del Ejército del Septentrión (de los cuales 60 eran flecheros indígenas de Yucul, departamento de Matagalpa), encabezados por el coronel José Dolores Estrada Vado derrotaron a 300 filibusteros de William Walker, comandados por Byron Cole, quien murió 2 días después (el 16 de septiembre) en la hacienda “San Ildefonso” -20 kilómetros al sur- al filo de machete, pues se había perdido durante la desbandada. En esta hacienda un sabanero le descargó dos machetazos en la cabeza.

Durante la batalla se destacó el sargento primero Andrés Castro al derribar de una pedrada mortal a un filibustero dentro del corral de madera, ejemplificando el valor, el aguerrido, el ímpetu nacionalista de hombres que luchan por la libertad.

Durante el combate, el Coronel Estrada empleó su ingenio y como estratagema militar le ordenó al capitán Liberato Cisne, al teniente José Siero y al subteniente Juan Fonseca, junto con sus escuadras integradas por 17 soldados atacar la retaguardia de los filibusteros; al atacar a estos dispararon sus fusiles y gritando ¡Viva Martínez! ¡Viva Nicaragua! cargaron a la bayoneta, provocaron la estampida de sus caballos, los cuales bajaron desde el cerro cercano en tropel, arreados hacia la retaguardia de los filibusteros por el teniente coronel Patricio Centeno y un oficial de apellido Flores (según el testimonio posterior del teniente José Siero).

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Creyendo que llegaban refuerzos, los filibusteros huyeron con rumbo hacia Tipitapa (con varios heridos que murieron después), a las 11 de la mañana tras 4 horas de combate, donde explotaron el puente sobre el río Tipitapa; la iglesia colonial de esta villa fue profanada por los filibusteros al robarse los vasos sagrados.

Se dice que este combate es la única batalla en el mundo que se ha ganado por el uso de una estampida de caballos, pues el ataque a retaguardia ordenado por Estrada causó un tropel de potros que provocó la huida de los filibusteros al creer que llegaban refuerzos para los nicaragüenses.

A 165 años de la primera derrota estadounidense en su historia intervencionista, el acto heroico de estos hombres que ofrendaron sus vidas por la libertad de nuestras naciones, se refleja día a día en la lucha por la verdadera independencia, en la lucha por el respeto y la igualdad, en la lucha por la autodeterminación de los pueblos y en la lucha por nuestras soberanías.

A 165 años de ese triunfo enorme de un pequeño ejército, aún están vigentes los versos del poeta, narrador, crítico y ensayista nicaragüense, Fernando Gordillo, donde escribe “Lanza la piedra, Andrés. ¡Lánzala! Que el enemigo es el mismo a un siglo de distancia”.

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