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Los asesinos del General Sandino

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El General Augusto C. Sandino fue asesinado cobardemente el 21 de febrero de 1934 en Managua. Con engaños sobre un supuesto acuerdo de paz, el general fue invitado por el mandatario Juan Bautista Sacasa a una cena, en Casa Presidencial, pero todo fue una trampa para lograr emboscarlo y asesinarlo junto a dos miembros de su ejército, los generales, Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor.

Se conoció que, al finalizar la tarde de ese 21 de febrero, el general Anastasio Somoza, expresó “Vengo de la embajada norteamericana, donde acabo de sostener una conferencia con el embajador Arthur Bliss Lane, quien me ha asegurado que el gobierno de Washington respalda y recomienda la eliminación de Augusto César Sandino, por considerarlo un perturbador de la paz del país”.

A las seis de la tarde de ese día, Somoza se reunía con dieciséis oficiales de la Guardia Nacional para finalizar el plan criminal. Los presentes firmaron un documento que sería conocido en la historia de Nicaragua, como “El Pacto de Sangre” que no era más que la condena a muerte de Sandino.

Al finalizar la cena el General Sandino fue despedido por Sacasa y a las 11 de la noche, fue secuestrado al bajar de la Casa Presidencial, siendo llevado al Campo de Aviación al noreste de Managua, donde el valiente de las Segovias fue asesinado junto a sus dos mejores lugartenientes, Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor.

Sobre estos hechos el coronel Juan Ferrete, quien escapó de la balacera dijo para el Diario de Costa Rica, “El ministro americano es el verdadero jefe de la Guardia Nacional de Nicaragua y con Moncada, principal persona responsable del cobarde asesinato de mi inolvidable jefe”. Agregó “Desde mi escondite pude ver al ministro de los Estados Unidos que llegó a inspeccionar la casa de Salvatierra tres minutos después del asalto y preguntó: Todo está consumado? revisó los cadáveres y salió satisfecho”.

Nombres de los implicados en el magnicidio

Juan Emilio Canales era sargento de la guardia. Sus buenos modales, decencia y honradez eran reconocidos, fue testigo del asesinato. Carlos Eddy Monterrey otro de los asesinos materiales de Sandino, Arthur Bliss Lane, Embajador de los Estados Unidos de América en el año del asesinato, José María Moncada, tío y padrino de Somoza y ex presidente de Nicaragua impuesto por los Estados Unidos al finalizar la revolución de 1927.

Gustavo Abaunza Torrealba, Abelardo Cuadra, Gustavo Abaunza, segundo jefe de la Guardia; el coronel Samuel Santos, los mayores Alfonso González, Diego López Roig, Lisandro Delgadillo, Policarpo Gutiérrez, el capitán Francisco Mendieta, los tenientes Federico Davidson Blanco, Antonio López Barrera, Ernesto Díaz, el subteniente César Sánchez, el General Camilo González y algunos oficiales más, incluido el relator, teniente Abelardo Cuadra, siendo en total dieciséis personas, General Carlos Pasos Montiel, uno de los hombres más cercanos al general Moncada y yerno del general Gustavo Abaunza, General Emiliano Chamorro, quien era el que daba los golpes de estado de parte de los conservadores, Adolfo Díaz, quien ocupaba la presidencia como favorito de los yanquis, Carlos Cuadra Pasos, como Canciller de Nicaragua. Estos tres últimos quienes tenían motivos para odiar a Sandino como lo comprueba el siguiente texto escrito por el General: “El hombre que de su patria no exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no solo oído sino también creído…”.

Autores intelectuales y material del asesinato del General Sandino

Chuno Blandón en su libro “Entre Sandino y Fonseca llega a ciertas conclusiones, entre estas el embajador norteamericano, Arthur Bliss Lane es el organizador estratégico y autor intelectual del magnicidio y Anastasio Somoza es el autor material, encargado de organizar y materializar el operativo, José María Moncada, coautor y el más próximo responsable del crimen.

Gustavo Abaunza Torrealba, coautor y cómplice, Emiliano Chamorro y Carlos Cuadra Pasos, en este sentido son cómplices y encubridores. El general Bartolomé Víquez y al general Carlos Pasos, su participación parece episódica y sólo vinculada al papel que ambos habían jugado como jefes militares. Fueron testigos, y cuando más, cómplices de segundo o tercer grado.

Detalles del cobarde asesinato

Sandino abandona la Casa Presidencial a bordo del automóvil del ministro Salvatierra. Cuando el vehículo va bajando por la Avenida del Campo, el sargento Juan Emilio Canales, quien aparentemente arregla una llanta de su vehículo, bloquea la vía, los detiene levantando el antebrazo izquierdo y grita: “¡Alto ese carro!”.

El carro frena a unas cuatro varas de distancia, Umanzor y Estrada desenfundan sus pistolas calibre 45, pero el dispositivo de Somoza se pone en marcha en un parpadeo. Una docena de guardias se apresuran para rodear el vehículo, fusiles en mano, apuntando, pero Sandino detiene a los suyos y expresa “¡Un momento, muchachos, ¿qué les pasa?!”, “No se opongan, nada malo puede ser. Yo voy a arreglarlo todo”. Los generales entregan sus pistolas.

Sandino, primero creyó que era una confusión, pues venía de cenar con la máxima autoridad de Nicaragua y planeaba regresar a Wiwilí al día siguiente, pero poco a poco fue viendo la realidad y trató de convencer a sus captores.

Cuando los tres sentenciados bajaron, Sandino pidió que le dieran un vaso de agua y que le permitieran orinar. Le fueron negados ambos pedidos, esto motivó a que Estrada dijera a Sandino: «No le pida nada a éstos, general, deje que nos maten.» Se trató de registrar sus bolsillos. Sandino se negó; Umanzor, por su parte, se adelantó a entregar el contenido de los suyos, al sargento que ya se le acercaba. El general Sandino, de pie, con las manos en los bolsillos, dijo «Mis líderes políticos me embromaron» Luego vino la muerte. Sandino a la derecha, Umanzor al centro y Estrada a la izquierda, esperaron de esa forma la granizada de balas.

El mayor Delgadillo debía dar la orden, pero tuvo un escrúpulo, como era hermano masón de Sandino, no quiso presenciar la masacre, retirándose a una prudencial distancia y poniendo en manos del subteniente Carlos E. Monterrey el mando del pelotón, se contentó con disparar al aire la señal que autorizaba a éste a hacer fuego. Una bala penetró en la cabeza de Sandino, atravesando sus sienes, otra, por la tetilla izquierda. Estrada fue alcanzado por dos balas en el pecho. Umanzor, en cambio, recibió cinco tiros en la cabeza.

Las armas que se usaron fueron ametralladoras Schmeisser alemanas, rifles automáticos Browning y rifles Springfield. Según relato del subteniente Eddy Monterrey, Abelardo Cuadra, fue el primero en disparar a Sandino.

“Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán”. (Augusto C. Sandino).

Don Gregorio Sandino padre del General al escuchar las ametralladoras en El Hormiguero, dijo: «Ya los están matando siempre será verdad que el que se mete a redentor, muere crucificado”.

Cuando se escuchó el tiroteo el general Santos López, se defendió con una ametralladora de mano, fue el único que consiguió, aunque herido, logra escapar del cerco de fuego. Los dos restantes y un niño de diez años que cruzaba en esos momentos la calle, fueron acribillados a balazos.

En la misma noche en que se perpetraba la matanza, Somoza García brindó por ella, asegurando que “solo matando a Sandino podía haber seguridad”.

Sandino creía que la paz era posible, creía en el honor y en la palabra dada, sin embargo, para la contraparte, nada de esto tenía valor.

El General no quería que se derramara más sangre. Al contrario quería construir condiciones de vida diferentes para los explotados de siempre.

Embajador de EEUU dio la orden de aniquilar al General, afirmo Somoza.

Dos años después Anastasio Somoza tomaba las riendas de Nicaragua, derrocando al presidente Sacasa quien era su tío político, e iniciando una tenebrosa dinastía. En declaraciones luego del asesinato de Sandino, Somoza afirmó que había recibido órdenes del embajador estadounidense en Managua, Arthur Bliss, de matar al líder independentista y jefe guerrillero.

Augusto Nicolás Calderón Sandino, conocido como Augusto César Sandino, es Héroe Nacional de Nicaragua, nació el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo, Masaya. Capturado por una traición muere asesinado a los 39 años, pero su legado antiimperialista, de justicia, independencia y libertad ha trascendido fronteras y la barrera del tiempo.

“Mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y nervio de la raza.” (Augusto C. Sandino)

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