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La violencia en las protestas por el caso de Breanna Taylor devuelven la tensión racial a la campaña

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El mensaje de «ley y orden» que Donald Trump ha favorecido durante las protestas raciales de este verano ha recuperado su espacio en la campaña, a menos de 40 días de la cita con las urnas para su reelección. Lo hace tras los disturbios registrados en Louisville (Kentucky), después de que se conociera que ningún policía implicado en la muerte el pasado marzo de Breonna Taylor, una joven negra de 26 años, había sido acusado por su fallecimiento por la fiscalía.

Solo se interpuso un cargo menor contra un agente por «peligrosidad innecesaria», porque sus disparos impactaron contra viviendas de otros vecinos. La ausencia de acusación por la muerte de Taylor fue respondida por miles de personas en las calles de Louisville, con destrozo de negocios, más de un centenar de detenciones e incidentes con la policía. El más grave, los disparos de un manifestantes a dos agentes, que ayer se recuperaban del ataque y cuyas vidas no corrieron peligro.

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El caso de Taylor cobró reconocimiento en todo EE.UU. durante las protestas por la muerte a finales de mayo de George Floyd en Mineápolis, el último episodio de abusos policiales contra la minoría negra. Su muerte, asfixiado durante ocho minutos por un policía cuando estaba sujeto y desarmado, provocó protestas en todo el país y llamamientos a acabar con el racismo estructural.

El caso de Taylor era más complejo que el de Floyd. La víctima murió en una redada antidroga en su apartamento, que la policía tenía como sospechoso por haber sido utilizado en el pasado como domicilio de un traficante. La joven dormía con su pareja, Kenneth Walker, cuando la policía, que tenía autorización judicial, entró en el apartamento. Walker, que, en su versión, creyó que alguien trataba de asaltar el domicilio, disparó primero e hirió a un policía. Dos agentes respondieron con tiros, y uno más -el que fue imputado esta semana- disparó desde fuera de la casa. Solo murió Taylor. Los agentes aseguraron que gritaron que eran policías, pero Walker defendió que no escuchó nada de eso.

Los abogados y la familia de Taylor, que la semana pasada cerraron una indemnización civil de Louisville de doce millones de dólares, confiaban en que se interpusieran cargos por homicidio contra los agentes. «Es descorazonador, es como matar a Breonna de nuevo», aseguró ayer Benjamin Crump, uno de los abogados. «El sistema decepcionó a Breonna», escribió en redes sociales su madre, Tamika Palmer. Los expertos legales, sin embargo, no esperaban que la investigación del incidente, que se ha alargado durante un mes, acabara con cargos importantes contra los agentes: les dispararon primero, y su nivel de protección en estos casos es muy alto.

La reacción de Trump ante los incidentes en Louisville era previsible: «Ley y orden», escribió con mayúsculas en su cuenta de Twitter tras el ataque a los agentes. El presidente ha mantenido un discurso pro-policía, que tiene impacto entre los votantes moderados, decisivos para su elección, y avivado por los llamamientos desde los sectores demócratas izquierdistas a la «abolición» o los «recortes» a la policía. Su rival, Joe Biden, lo tiene más complicado. Para no asustar a esos votantes moderados, ha hecho equilibrios entre el derecho a protestar las desigualdades raciales y la condena a la violencia. Sin embargo, varios activistas le acusaban ayer de ambigüedad por su insistencia en que las protestas fueran pacíficas. Uno de ellos, Stephen Green, le advirtió en «The Washington Post’ que el «dolor» que sufre la comunidad negra por casos como el de Taylor «no se trasladará a las urnas».

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