El 29 de junio de 1855, en plena Primera Batalla de Rivas, un joven maestro rivense de 21 años se ofreció voluntario para una misión que nadie quería asumir, avanzar bajo fuego enemigo hasta el Mesón donde se resguardaban los filibusteros y prenderle fuego, aquella acción ejecutada junto al combatiente cívico Felipe Neri Fajardo obligó a los invasores a abandonar su posición y marcó el episodio que convirtió a Enmanuel Jeremías Mongalo y Rubio en una figura inscrita de forma permanente en la historia nacional, memoria que hoy evocamos en febrero al recordar el mes en que el maestro heroico trascendió a los tiempos.
Enmanuel Mongalo nació el 21 de junio de 1834 en Rivas, hijo de Bruno Mongalo y Francisca Rubio, se formó en escuelas públicas de su ciudad y en su juventud viajó a la ciudad de San Francisco, Estados Unidos, con el propósito de ampliar estudios, al regresar se dedicó a la enseñanza y a la redacción de textos de Geografía e Historia destinados a la educación nacional.
Durante el periodo de 1854 a 1857 Nicaragua atravesaba un conflicto interno entre legitimistas y democráticos que derivó en la Guerra Nacional antifilibustera, en ese contexto fuerzas extranjeras dirigidas por William Walker desembarcaron el 13 de junio de 1855 en El Realejo y el 27 de junio en la playa El Gigante con el objetivo de tomar Rivas y asegurar una posición estratégica para avanzar sobre el territorio.
El ataque a la ciudad inició el 28 de junio y los invasores se atrincheraron en la casa de Máximo Espinoza conocida como El Mesón, desde ese punto disparaban rifles de repetición que causaban bajas a las tropas nicaragüenses, el jefe legitimista coronel Manuel Giberga del Bosque determinó que la forma más eficaz de desalojarlos era incendiar la estructura y solicitó voluntarios para ejecutar la operación.
El joven subteniente cívico Enmanuel Mongalo, quien formaba parte de las fuerzas nicaragüenses defensoras de Rivas, se ofreció junto a Felipe Neri Fajardo, ambos avanzaron bajo fuego enemigo, se arrastraron entre ruinas, ingresaron por una vivienda contigua y prendieron fuego a las soleras y al techo de caña, el incendio obligó a los filibusteros a abandonar la posición y retirarse rumbo a San Juan del Sur, lo que consolidó la victoria en la Primera Batalla de Rivas el 29 de junio de 1855.
Tras la acción se le ofreció una recompensa monetaria por el riesgo asumido, la rechazó y expresó la frase registrada en crónicas de la época “Lo hice por la Patria, no por dinero”, declaración que quedó incorporada a la memoria histórica vinculada a ese episodio militar. Luego del conflicto continuó su labor docente, en 1861 viajó a Nueva York donde editó un compendio de geografía, posteriormente regresó al país y enseñó gratuitamente a estudiantes mientras elaboraba materiales escolares orientados a fortalecer conocimientos históricos y nacionales.
En sus últimos años residió en Granada, ciudad donde falleció el 1 de febrero de 1874 a causa de una afección pulmonar a los 40 años de edad, fue sepultado en la iglesia La Merced y el 29 de junio de 1970 sus restos fueron trasladados a Rivas como parte de actos conmemorativos. El Estado nicaragüense oficializó reconocimientos posteriores, entre ellos el Decreto Legislativo número 692 del 3 de abril de 1978 estableció el 29 de junio como Día del Maestro Nicaragüense en honor a su acción en Rivas y el Decreto Ejecutivo número 1123 publicado en La Gaceta del 27 de octubre de 1982 lo declaró Héroe Nacional.
Este mes la Asamblea Nacional, por instrucciones de la Copresidencia de la República, aprobó la ley creadora de la Orden Enmanuel Mongalo y Rubio, concebida como máxima distinción académica y patriótica destinada a docentes, estudiantes e instituciones educativas destacadas, disposición aprobada en conmemoración de un nuevo aniversario de su tránsito a la inmortalidad y en referencia permanente a su gesta heroica el 29 de junio de 1855.
