Opinión

Detalles del Momento: La Educación del Gran Cimiento

Radio Nicaragua 29 de junio de 2026

La educación indudablemente es una constante por la cual se transmiten conocimientos, habilidades, valores y hábitos a fin que los seres humanos crezcamos dentro de la sociedad, desarrollando al pensamiento crítico integral. La educación en lo fundamental se da a lo largo de la vida en la misma cotidianidad de manera natural a través de la familia, la comunidad, los medios de comunicación o las experiencias personales.

Los cuatro pilares de la educación, según los lineamientos pedagógicos internacionales propuestos por la UNESCO, son; Aprender a conocer; dominar los instrumentos del saber para comprender el mundo; desarrollar habilidades para influir sobre el entorno y desenvolvernos en el ámbito laboral y profesional; aprender a vivir juntos desarrollando la comprensión, la empatía y la resolución pacífica de conflictos con los demás.

Ahora bien, vivimos un mundo indudablemente acelerado, vertiginoso y lleno de circunstancias muy variables, sobre todo, cargadas de mucha violencia y amenaza y tanto que muchas veces nos empuja a enconcharnos, a reducirnos en nuestro propio interior y cuando salimos donde millones de ojos y jueces nos califican, entonces, como si se tratase de un mecanismo de auto defensa, nos comportamos huraños, tímidos, recelosos o cualquier otra actitud que generalmente contrasta con la falta de educación.

La educación describe a las personas destacadas por un comportamiento integral, reflejado en su actitud, en su proceder y en los comentarios que hacen y cómo los hacen y esto no tiene nada que ver con lo que se aprende necesariamente en la escuela, pero sí con lo que nuestra existencia como ser humano, como si se tratase de una esponja, recoge del mundo que habitamos y créanme que esa educación de la que hablo es mucho más importante que cualquier otra área porque es la base fundamental para alcanzar sitiales que son la estirada de todo nuestro crecimiento.

La educación y los buenos modales son un espejo de nuestro patrimonio interior, de nuestros valores como personas y no de nuestra apariencia y bienes materiales. Yo conozco a gente que se ufana de tener diplomas, trofeos, placas, pergaminos y medallas colgadas en sus paredes y las exhiben lógicamente con mucho orgullo, pero a pesar de esa galería de preseas, que seguramente fueron bien merecida, ninguna de ellas fue capaz de hacerlos gentes o personas educadas y menos seres humanos.

Esos individuos que se vanaglorian por ser reconocidos, porque los conceptúan como grandes cerebros en el campo intelectual o cualquier otro, empujados por las conquistas colgadas en las paredes de sus casas salen a sus actividades y a sus actos protocolarios impecablemente vestidos, de saco y corbata, bien olorosos, muy sonrientes y hasta caminando raros para que los perciban de una manera que en realidad nada tienen que ver con lo que realmente son. Para estos tipos hay un refrán que reza; “Candil de la calle y oscuridad de su casa” porque son como esos sepulcros blanqueados, nítidos por fuera, pero podridos y muertos por dentro.

En nuestras familias, en la empresa, entre los compañeros de trabajo, en la iglesia, en todas partes vemos a individuos que calzan bien con esta descripción y cuando uno los llega a conocer como lo que verdaderamente son, porque los constatamos, porque en los círculos más estrechos de convivencia, salieron del closet, para mostrar su verdadero rostro, la impresión que queda es la de un total desencanto porque nos topamos con un hipócrita, con un farsante, cuya supuesta educación era una gran mentira y es cuando pasan a habitar el mundo de los ordinarios.

La educación no puede ser impostada porque está más allá del nivel económico o de la posición social de una persona. Esta puede tener un habitad muy favorable, puede tener muchas posibilidades en el entorno donde se desenvuelve para que lo observen como alguien con buenos modales y con mucha educación, pero no es eso lo que te hace educado porque serlo no es una imagen sino una actitud. La apariencia, la ropa costosa, la ostentación de lujos y comodidades nada tienen que ver con lo educado si se actúa de modo incorrecto, sin ética ni principios, sin consideración ni respeto por los demás.

La persona educada no es la refinada que solamente sabe cómo utilizar los cubiertos las y copas en una mesa de etiqueta, sino la que se comporta en forma decentemente en todo momento, frente a cualquiera, en cualquier lugar y ante quien quiera que tenga adelante. Es alguien que sabe sonreír, respetar, saludar, escuchar, controlar sus palabras y sus emociones en toda situación sin herir a los demás.

Un ser humano educado lo es en todo momento, ya que no se puede ser educado sólo por conveniencia o solo según el entorno. Ser educado es una responsabilidad frente a los demás, ya que sirve de ejemplo para otros que te observan y de ahí aquella máxima de vida: “Compórtate en tu casa como si estuvieses en un palacio, para que cuando te encuentres en un palacio, puedas comportarte como en tu casa”.

Nuestra sociedad crecería más si todos los días nos propusiéramos ser más educados. Es importantísimo el preescolar, la primaria, la secundaria, la universidad y todo lo que tenga que ver con lo que nos prepara para la vida, pero la principal esencia de la educación está en el hogar, está en el lugar específico donde vivimos, donde crecemos, donde está la relación directa con nuestros padres o nuestros tutores, eso lo que nos preparará conscientemente para todo lo que nos viene si lo que deseamos es el éxito personal y también el éxito de los demás porque algo que debemos aprender también como una regla básica de educación es que si los demás están bien en lo personal tendré más garantía de estarlo también yo y con estabilidad sostenida.

La mala educación se debe en realidad a la “falta” de educación, de respeto y civismo donde no solo los niños y adolescentes la padecen sino también nosotros los adultos que sudamos malos modales y comportamientos poco éticos.

La mala educación y la falta de modales no tienen edad. No es cuestión de niños ni de adolescentes, transitando por esa etapa a menudo reaccionaria y problemática. En nuestro día a día podemos ver reacciones inapropiadas y comportamientos poco éticos en personas con experiencia, en hombres y mujeres que, con sus malos hábitos, hacen muy complicada la vida de todos. ¿A quiénes me refiero? A profesionales de la fe que te bendicen el odio y te lanzan a la muerte; A empresarios que destruyen la economía; A políticos que actúan como terroristas; A estudiantes que son delincuentes; A “perseguidos políticos” que son asesinos de mujeres; A “libertadores” que torturaban en los tranques; A “nicas” que venden a su patria; A “nacionales” que piden sanciones contra el pueblo; A “periodistas” que son pregoneros de la fatalidad y de oposicionistas que no se soportan ni entre ellos mismos y quieren hundir al país junto con ellos.

Cuando la mala educación se toma nuestros escenarios sociales, laborales, políticos y hasta culturales siempre terminamos preguntando por qué sucede, por qué ocurre y entonces decimos que la educación en los centros escolares es deficitaria y para rematar acentuamos que el problema está en la educación pública cuando la verdad es que las “criaturitas” estas en los colegios privados de alto tupé son los peores de toda la comunidad educativa porque generalmente ahí están los hijitos de papi, los consentidos de mamita que arman cualquier bochinche y berrinche donde les place y si acaso hay un castigo es porque les quitaron las llaves de la camionetona por un día.

Sobre el tema uno puede sobre abundar en el enfoque porque hay tanta mala educación en nuestro entorno que las buenas gentes pueden ser hasta mal percibidas tratando de ser educadas porque la buena educación es una especie en extinción. Por ejemplo, la cortesía es tan escasa y tan poco frecuente que algunos ignorantes llegan a creer que es coqueteo; vemos a un anciano que atraviesa la calle arrastrando los pies y lo insultamos porque por no poder ir más rápido y porque a la espera de que finalmente llegue al punto donde se dirige nos hace llegar tarde al fiestón y nunca nos ponemos a pensar que un día vamos a estar en una situación igual porque muchos vamos o estamos en la tercera y cuarta edad, esa que nos cansa, se come nuestras energías, pero eso sí, nos llena de sabiduría.

Llegamos al centro de trabajo y no somos dignos ni de decir buenos días que no cuesta nada; vas en el bus y no le das el asiento a la embarazada; llegas a la iglesia a ver y criticar a fulano o zutano y te duermes y roncas a la hora del sermón o la prédica; prestas dinero, pero no pagas; ensuciaste,  limpia; encendiste, apaga; quieres que te vean don bondad entonces sé bondadoso, no actúes serlo; estas en una cena familiar o en una reunión, conservando con alguien, deja en paz el celular; quieres que te atiendan bien sabe pedir las cosas y de igual manera aquel que está para atender a la gente que lo haga con amabilidad; no hables con la boca llena; te comprometiste con algo o alguien cumplí; te hicieron un favor agradece.

Al final la máxima de la buena educación la encontrarás cuando respetes para serás respetado y si te faltan al respeto ignóralos porque lo peor que puedes hacer es descender al nivel involutivo del necio. Cuando entendamos eso y lo apliquemos todos terminaremos comprendiendo cómo es que los países pequeños se convirtieron en naciones desarrolladas, económicamente sólidas, en súper potencias.

Hay naciones que son mucho más pequeñas que esta nuestra tierra bendita y no tienen ni siquiera el uno por ciento de nuestras riquezas naturales y son inmensamente grandes en sus políticas de beneficios sociales para sus ciudadanos. Lo lograron siendo educados, siendo humildes, siendo fundamentalmente gentes.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA

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