Su pareja terminó la relación siete días antes de la boda, pero Katherine Jones no canceló el viaje ni la celebración. Se puso el vestido, tomó un avión y se fue a Italia.
La empresaria de 36 años llevaba año y medio preparando la boda en la Toscana. Como los vuelos ya estaban pagados y no podía recuperar el dinero, decidió convertir lo que sería su ceremonia de casamiento en una celebración con familiares y amigos.
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De los 50 invitados originales, unos 30 viajaron con ella. Durante tres días disfrutaron de cenas, bailes, brindis y una fiesta junto a la piscina, mientras el fotógrafo que había contratado para la boda también siguió acompañándolos.
Después de la celebración, Katherine continuó el viaje junto a su madre por la Costa Amalfitana.
La boda no tuvo novio, pero sí vestido, invitados, fotógrafo, fiesta y hasta brindis. Lo que comenzó como una ruptura terminó convirtiéndose en una despedida muy distinta.
