Como una forma poco convencional de renovar el culto y atraer a nuevos fieles, el ‘poledance’ comienza a abrirse paso en algunas iglesias de Alemania.
Algunas pastoras jóvenes defienden esta práctica apoyándose en pasajes bíblicos donde el baile aparece como símbolo de victoria y liberación.
Este baile, que durante décadas se asocia a clubes nocturnos, se reinterpreta ahora como disciplina deportiva y expresión de emancipación femenina, resignificada dentro del espacio religioso.
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Luego de la actuación, la barra se retira y el servicio religiosa continúa con música litúrgica acompañada de ritmos electrónicos, invitando a toda la congregación a bailar. Gestos simbólicos, sonrisas y participación colectiva transforman el ambiente tradicional del templo.
La iniciativa, de la pastora Lisa Koens en una comunidad en el estado de Baja Sajonia, busca romper esquemas sin perder el contenido espiritual.
Aunque recibe críticas y ataques en redes sociales, especialmente desde sectores conservadores, Koens asegura que el respaldo es mayor y que muchos feligreses afirman que acudirían más a menudo a la iglesia si se atreviera a salir con mayor frecuencia de los moldes habituales.
