El brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) superó los 4,000 casos confirmados y dejó al menos 1,850 muertes, convirtiéndose en el segundo brote más grande registrado a nivel mundial.
Las autoridades declararon la epidemia el pasado 15 de mayo, aunque existen indicios de que el virus circulaba desde meses antes.
La provincia de Ituri concentra la mayor parte de los contagios y mantiene el principal foco de transmisión. Los equipos sanitarios intensifican la búsqueda de casos, el rastreo de contactos y el aislamiento de pacientes, mientras enfrentan dificultades de acceso, inseguridad y limitaciones en los sistemas de vigilancia.
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El brote corresponde al virus de Ébola de la variante Bundibugyo y avanza con rapidez. Las autoridades sanitarias advierten que entre el 60 % y el 70 % de los nuevos casos surgen de cadenas de transmisión que el rastreo convencional no logra identificar, lo que dificulta contener la epidemia.
La situación también genera preocupación por una posible expansión hacia otras zonas del país. Esta semana, las autoridades pusieron en cuarentena a más de 200 pasajeros de una embarcación cerca de Kinshasa tras la muerte de un viajero con síntomas compatibles con ébola; las pruebas realizadas a los pasajeros resultaron negativas.
