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Detenido un farmacéutico que arruinó cerca de 500 dosis de la vacuna porque iban a «provocar mutaciones en el ADN».

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En el transcurso de las Navidades más atípicas de los últimos años, un farmacéutico de Wisconsin decidió, convencido de que el mundo estaba derrumbándose, intentar arruinar cientos de dosis de la vacuna contra el coronavirus. Su razón concreta fue que creía que las inyecciones provocarían mutaciones en el ADN de la gente.

Su nombre es Steven Brandenburg y era farmacéutico del hospital Aurora Medical Center. Todo comenzó con una investigación policial en torno a 57 frascos de vacunas de Moderna que fueron arruinados. Según apunta la policía, esta cantidad se traducía en cerca de 500 dosis de la vacuna.

AstraZeneca, la farmacéutica que se comprometió a entregar 80 millones de dosis de su vacuna contra el coronavirus a Europa, ha metido en un laberinto a la Unión con el incumplimiento de los plazos comprometidos para llevar a cabo las entregas, pues prevé reducir las dosis en un 60% en el primer trimestre.

Sucedió las noches del 24 y 25 de diciembre, cuando, aprovechando que todos los trabajadores estaban de celebración familiar, saco las dosis del refrigerador para así hacerlas perder su eficacia. A pesar de ello, 57 dosis acabaron en los brazos de los pacientes.

Su modus operandi varió de un día a otro. El 24 de diciembre dejó las vacunas tres horas a temperatura ambiente y luego las volvió a introducir en el refrigerador. Al día siguiente, triplicó el tiempo de exposición fuera de su temperatura ideal, ya que tuvo las dosis nueve horas fuera. Su intención era sin duda sabotearlas, como así declaró a la policía.

La vacuna de Moderna debe conservarse entre dos y siete grados centígrados, un rango de temperatura en el que aguanta hasta 30 días. Su vida puede alargarse hasta seis meses si se conserva a -20 grados.

Cuando el 26 de diciembre se administraron 57 dosis que provenían de este sabotaje, el hospital hizo público que se habían administrado vacunas defectuosas de forma “accidental”. Desde el hospital no se lo explicaban y comenzaron a hacer preguntas, hasta que finalmente el farmacéutico confesó.

“Comenzamos a sospechar del comportamiento de este individuo y fue suspendido. Después de varias entrevistas, admitió haber sacado la vacuna del refrigerador”, declaró Jeff Bahr, el propietario del hospital.

Tras ser conscientes de los hechos, el resto de dosis fueron desechadas y se calcula que su valor está entre 8.000 y 11.000 dólares. El 31 de diciembre el farmacéutico fue arrestado bajo las acusaciones de poner en peligro la seguridad, de adulterar un medicamento y de daño criminal a la propiedad.

“Los detectives indican que el individuo sabía que las vacunas alteradas serían inefectivas y que quienes las recibiesen pensarían que estarían vacunados contra el virus cuando, en realidad, no lo estaban”, asegura la policía en un comunicado.

Uno de los detectives escribió en una declaración de causa probable que Brandenburg, de 46 años, ha admitido creer en teorías de conspiración. Además, añadió que estaba molesto porque atravesaba un proceso de divorcio, y una empleada del centro dijo que había llevado una pistola al trabajo hasta en dos ocasiones.

Así, este martes, el farmacéutico se declararó culpable de dos cargos tras “intentar manipular productos de consumo sin tener en cuenta el riesgo de que otras personas corran peligro de muerte o lesiones corporales». Los fiscales federales piden hasta 10 años de prisión y 250 mil dólares alrededor de 200 mil euros de multa por cada uno de ellos.

“La manipulación de dosis de la vacuna en medio de una crisis de salud global requiere una respuesta firme, como se refleja en los graves cargos que Estados Brian Boynton, fiscal del Departamento de Justicia

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