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De la injerencia imperialista en América Latina, Nicaragua, en particular

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Por Miguel Ángel Bustamante

Desde que Estados Unidos inició, lo que un estudioso como el cubano Ramiro Guerra, llama su carrera expansionista, apuntó hacia el sur de sus fronteras, es decir, hacia América Latina. Sabido es que México fue el primer país que sufrió tal expansión mediante compras forzadas a precios irrisorios, desposesión, tratados fraudulentos, invasión e intervención directa. El zarpazo se consumó en 1848. A este episodio, el Poeta nicaragüense Rubén Darío, le llama la tragada de Texas. A partir de ahí, lo que se conoce como imperialismo estadounidense continuó con una avanzada que no ha tenido fin.

De esta forma, se fue ejecutando una nueva cartografía del poder en este territorio y, en el mundo también. Quienes empezaron a manejar la política exterior estadounidense: sus estrategias, doctrinas, planes, identificaron a América Latina, no sólo como “zona natural de influencia”, sino como la región más importante en lo que a sus movimientos geopolíticos se refiere. Esta tesis fue corroborada, ya entrado el siglo XXI, por Samuel Huntington, quien continuó clasificando a América Latina y Centroamérica, de forma más circunscrita, como la zona de mayor importancia para la seguridad, expansión de mercado y obtención de recursos naturales para el imperialismo estadounidense.

No es en vano que una vez que engulle parte del territorio mexicano, sus siguientes pasos serán Centroamérica, cronológicamente hablando y, en particular Nicaragua. Autores, tan reputados, como el argentino Gregorio Selser y los estadounidenses Howard Zinn, John D. Wallace o Peter Kuznick, corroborarán en sus estudios que este pequeño país, ubicado en el centro de Centroamérica, será, por diversas razones, circunstancias, factores, excusas o pretextos el más atacado, vigilado, intervenido, desde todas las formas posibles por parte del imperialismo estadounidense.

Tanto es así que, sin temor a equivocarnos podemos afirmar que Sandino y el pueblo nicaragüense, propinaron “la primera derrota militar al imperio estadounidense y rescató para los pueblos de América Latina y el Caribe, la moral necesaria para continuar la lucha desigual contra la potencia imperial” (Sergio Rodríguez Gelfenstein, Resumen Latinoamericano, 11 noviembre 2016)

Este es sólo un ejemplo de un sinnúmero de injerencias en Nicaragua de parte de los Estados Unidos y, cuando decimos injerencia debemos tomar en cuenta todas las formas que existen en cuanto a ello. La historia de este país, hasta refleja unas elecciones en las que “los Infantes de Marina llevaban las urnas electorales hasta Managua a lomo de mulas, en carretas de bueyes, en bueyes de carga, en aviones, barcos (a través de los lagos de Nicaragua y Managua), trenes, camiones y sobre los hombros”, tal como lo cita el historiador Thomas J. Dodd. Cabe mencionar también otro episodio como aquel en el que el general estadounidense Smedley Darlington Butler llamó a Nicaragua: la republica de los Brown Brothers, en alusión a los banqueros estadounidense que, en esa época tenían intervenido financieramente al país y, por cuyos intereses el general Butler, lo intervino militarmente.

El otro hecho que conmovió al mundo fue, cuando en los años ochenta del siglo XX, luego del triunfo de la Revolución Sandinista, la administración Reagan, se valió de todo lo que estaba a su alcance para promover y financiar una cruenta guerra en Nicaragua que dejó diezmada la economía y el tejido social del país. Una vez finalizada la guerra y que el FSLN dejara el gobierno por la vía de unas elecciones, llevadas a cabo bajo una presión inaudita, la vigilancia al país continuó. El imperialismo consideraba inaceptable que el Sandinismo volviera a tener alguna opción viable de conquistar el poder en Nicaragua otra vez. Así se han sucedido otra cantidad de episodios.

Con semejante inventario de intervenciones, injerencias, intromisiones y desposesiones es innegable la participación del imperialismo estadounidense, mediante sus agencias, institutos, organizaciones y el contubernio de sus lacayos internos (oligarquías, elites) en distintas movidas actuales que han estado dirigidas a socavar la Paz, la estabilidad, la concordia que el Sandinismo ha promovido como política pública en el país, lo cual ha sido pilar fundamental en los logros sociales, económicos, políticos, culturales y ecológicos, reconocidos por organismos como el Foro Económico Mundial, UNESCO, PNUD, entre otros.

Por ejemplo, la periodista Eva Gollinger, demostró cómo los Estados Unidos, ideó en Nicaragua, desde los años ochenta, la estrategia de financiar agencias y ONG con el propósito de perturbar el país. Nicaragua también ha sido laboratorio de las tácticas de desestabilización que el imperialismo ha irrigado a nivel mundial. Esto lo ha hecho acompañado de la mediática internacional, la cual se activa en paralelo.

Es así que en la actualidad pretenden menoscabar y deslegitimar el proceso cívico, democrático electoral que se desarrolla en Nicaragua. Lo hacen cambiando y tergiversando la forma de llamar a las cosas, encuadrando los hechos, emitiendo juicios de valor de forma arbitraria, silenciando los avances en el calendario electoral y las reformas institucionales que se han desarrollado en consenso, como manda la ley del país, con las organizaciones políticas legales y legítimas.

No obstante, pese a esta campaña brutal, indiscriminada que llega al extremo de promover y celebrar ilegales y arbitrarias sanciones y que, sin pudor reaviva lo relativo a otras formas de agresiones, el Sandinismo, el Comandante Daniel Ortega, acompañado del pueblo que, es el sujeto incuestionable que lo legitima y refrenda, avanza hacia una nueva victoria por la vía democrática electoral este 7 de noviembre y, estamos seguros, profundizará las transformaciones, logros sociales y democráticos que el país ha alcanzado en los últimos años.

  • Diputado por Sevilla en el Congreso español, Miembro de la Comisión Internacional del PCE, Secretario Provincial de Sevilla. Integrante de la Plataforma de Solidaridad con Nicaragua y el FSLN.
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