Opinión

Abelardo Mata desmonta la mentira de los propagandistas

Radio Nicaragua 13 de agosto de 2026

Durante semanas, los golpistas y propagandistas de la derecha aseguraron que el obispo emérito de Estelí, monseñor Juan Abelardo Mata Guevara, se encontraba desaparecido, “secuestrado”, “torturado” o “en peligro de muerte”. Pero en sus ataques iban más allá y señalaban a nuestro Buen Gobierno Sandinista, elegido por el voto popular, al que calificaban de “dictadura”, afirmando que mantenía al religioso privado de libertad y por eso le exigían una supuesta “prueba de vida”. En esta guerra mediática, orquestada por propagandistas desde el exterior y financiada por los enemigos de siempre, se sumó también la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo desacreditado y sin prestigio que en 2018 evidenció su participación a favor del golpismo cuando llegó a Nicaragua, elaboró un informe que victimizaba a los golpistas y presentaba como victimario al pueblo nicaragüense, que en realidad puso los muertos. Ahora esa misma CIDH volvió a meter su nariz donde nadie la ha llamado y donde no le corresponde, mostró su supuesta preocupación por el paradero del obispo Abelardo Mata y exigió también al Gobierno de Nicaragua información sobre su situación. Hasta el mismo Estados Unidos, esta vez sin preocuparse por guardar las apariencias, se había sumado a esta campaña internacional y había solicitado la supuesta liberación inmediata e incondicional del obispo, quien nunca estuvo preso.

Pero una vez más, la verdad prevaleció sobre la mentira. Y aunque los propagandistas golpistas aplican la máxima de Joseph Goebbels, quien fue ministro de Propaganda de la Alemania nazi y quien decía, “miente, miente, que algo quedará”, esta vez no les funcionó, porque fue el propio monseñor Abelardo Mata, obispo emérito de Estelí, quien de forma voluntaria y tranquila concedió una entrevista al periodista Adolfo Pastrán, de Informe Pastrán TV.

En la entrevista concedida este 12 de agosto, Mata se mostró con buen semblante, tranquilo, sonriente, vigoroso y ágil, conversó con naturalidad y caminó sin dificultad por la propiedad. Su buen estado de salud, la forma dinámica en que se desplazó, su tranquilidad y el ánimo con que habló y sonrió contrastaron abiertamente con el panorama tétrico que, de forma premeditada, el golpismo había echado a correr públicamente durante semanas, presentándolo gravemente enfermo, deteriorado y hasta en peligro de muerte. Su aparición y la manera animada en que recorrió la finca echaron al cesto de la basura aquella descripción. El obispo mostró cómo transcurren actualmente sus días entre la oración, la lectura, los cultivos y el cuidado de sus animales. La entrevista permitió conocer una faceta distinta de la vida que lleva Mata desde que se retiró de sus responsabilidades episcopales. Sentado frente a Pastrán explicó que ha preferido recogerse y dedicar buena parte de su tiempo a actividades que durante años acompañaron su vocación religiosa. “Me he dedicado a releer, repensar… me gusta más el silencio, el estudio y la oración. Estoy en mi charco, llevando vida monacal”, expresó mientras relataba cómo organiza sus jornadas. La Sagrada Escritura ocupa buena parte de esas horas, pues recordó que fue preparado para enseñarla y que durante su trayectoria formó a numerosas personas. Aunque reconoció que la vista ha comenzado a fallarle, continúa leyendo para mantener vivo ese conocimiento que cultivó durante décadas.

Después de conversar sentados en el comedor, Mata y Pastrán salieron de la casa y comenzaron un recorrido por la finca, donde el obispo mostró los lugares que forman parte de su vida cotidiana. Allí dejó ver que su retiro no transcurre únicamente entre libros y oraciones, porque también camina por la propiedad, trabaja la tierra y atiende personalmente diferentes labores. Enseñó los platanares y papayales que ha sembrado, explicó cómo aprovecha el agua de lluvia y llevó al periodista hasta el lugar donde desarrolla una pequeña producción artesanal de miel. “Ahí es donde recojo la miel”, comentó al enseñar las colmenas. En otro punto de la propiedad presentó sus caballos, entre ellos una yegua llamada Intibucá y otro ejemplar al que puso Zozibini, nombre inspirado en una reina de belleza sudafricana. Las imágenes lo muestran recorriendo esos espacios, conversando y sonriendo mientras explica cada una de las tareas a las que dedica parte de su tiempo.

La finca también guarda una parte de su propio trabajo. Monseñor Mata contó que participó directamente en la construcción del lugar y recordó que hizo la batidora, la mezcladora y hasta la ladrillera con la que elaboró los bloques utilizados en la propiedad. Esa relación con el campo viene de mucho antes de su retiro y durante la entrevista abrió la puerta a recuerdos de juventud que lo llevaron hasta sus años de formación religiosa en El Salvador. En aquella época enfermó junto con otros compañeros, regresó a Managua para recuperarse y llegó a pensar que necesitaba detenerse antes de continuar el camino que había comenzado. “Me sentía cansado, me sentía… mi espíritu pedía reposo. Parar un poco”, recordó.

Fue precisamente durante aquel momento cuando reapareció en su vida el entonces padre Miguel Obando y Bravo, quien había sido profesor suyo de física, matemática, geometría y trigonometría durante los años de bachillerato en El Salvador. Mata relató que se encontraba buscando trabajo en Managua cuando Obando llegó personalmente a buscarlo. “¿Cómo estás?”, le preguntó, y después sacó de su cartera el dinero para que pudiera regresar y continuar su formación. “Él me vino a buscar”, recordó el obispo emérito al contar una historia que, aseguró, nunca había relatado públicamente. Aquel gesto terminó siendo decisivo para retomar su vocación sacerdotal y años después volvería a encontrarse junto al cardenal, esta vez como Obispo Auxiliar de Managua a partir de 1988. “Ese hombre marcó mi vida”, afirmó al recordar a quien describió como un hombre sabio del que aprendió mucho.

La mentira sobre el supuesto estado en que se encontraba monseñor Abelardo Mata, desmentida por su propia aparición voluntaria, tranquila y sonriente ante las cámaras, viene a darle la razón a la desconfianza que el cardenal Leopoldo Brenes ha expresado sobre los propagandistas de la derecha que difunden noticias falsas. El 21 de enero de 2024 señalaba: “A veces, dicen los periodistas, fuente fidedigna. Y un día me preguntaron a mí, es que hay una fuente fidedigna que dice esto y esto. Pues fíjate que yo no la conozco, pero yo te recomiendo, andá a esa fuente fidedigna y te aclare bien porque yo no te puedo aclarar, no soy fuente fidedigna. Pero a veces ponen eso, fuente fidedigna”. Asimismo, manifestaba: “Creo que es bien interesante que hagamos a un lado esas noticias que en el fondo no tienen fundamento. Recuerdo una experta en comunicaciones que decía: muchas veces las redes no son noticia, porque una buena noticia tiene que ser corroborada, tiene que ser buscada si es verdad que es cierto o no es cierto, y eso es importante, que nuestros periodistas serios van y primero ven si es verdad lo que voy a decir”. Igualmente, afirmaba: “Es lo que el Santo Padre muchas veces ha dicho: tengamos cuidado de las falsas noticias, y la mejor noticia que podemos encontrar es la Palabra de Dios, entonces escuchar la Palabra y no escuchar a algunos medios que promueven esas falsas noticias para alborotar, para distorsionar, para crear caos entre nosotros, entre las familias”, concluyó el cardenal Leopoldo Brenes en esa ocasión.

El pueblo de Nicaragua ya sabe quiénes son estos propagandistas mercenarios, vendepatrias y serviles. Participaron directamente en el fallido intento de golpe de Estado de 2018 y, tras salir del país, continuaron atacando a Nicaragua desde Costa Rica, España y Estados Unidos, aunque se presentan como “periodistas independientes” y defensores de la libertad de expresión. Sus fuentes de financiamiento han quedado expuestas, aparecen vinculados en registros y listas públicas de agencias y organizaciones extranjeras como USAID, NED y Freedom House, de las que recibieron dinero para participar en aquel intento de desestabilización contra el Gobierno Sandinista. Estos propagandistas son mendigos que publican números de cuentas personales para recibir donaciones con el pretexto de derrotar la supuesta censura y sostener su labor, al tiempo que piden sanciones contra Nicaragua y respaldan agresiones e intervenciones extranjeras contra el país que lamentablemente los vio nacer. Por eso son apátridas, hablan de libertad, pero han pretendido entregar la soberanía, la dignidad y hasta la bandera nacional a intereses foráneos. Desde sus sumideros de plataformas digitales lanzan acusaciones sin comprobar, manipulan la realidad, difaman y transforman cada falsedad en una nueva ofensiva mediática. Han hecho de la mentira una profesión y del odio un modus vivendi, actuando como repetidores de un único guión financiado desde el exterior para desacreditar al país y sembrar zozobra entre los nicaragüenses.

Volviendo a la entrevista de monseñor Abelardo Mata, sus propias palabras y las imágenes de aquel recorrido permiten retomar la conversación justamente donde había quedado, en la vida sencilla y activa que lleva actualmente en su finca. El prelado explicó que combina el estudio con las caminatas y el trabajo físico, mantiene cerca los libros que acompañaron su formación y encuentra en el silencio un espacio para continuar reflexionando. Durante sus días sostiene una rutina activa y fue mostrando cómo transcurren sus jornadas, pasa de la lectura al campo, atiende los sembradíos, observa sus caballos y después regresa a la oración. “Es que la oración ayuda mucho. Mucho, mucho, mucho”, expresó casi al finalizar la visita, antes de seguir recorriendo la propiedad y señalar que todavía tiene labores pendientes. “Esto tiene que completarse. Así es, así ha de ser”, dijo al despedirse.

Al final, por encima de la campaña de falsedades, la injuria, la calumnia, la difamación, la distorsión y la mentira, se impusieron la paz y la verdad verdadera. Todo aquel ruido terminó cayendo por su propio peso y dejó una vez más a los propagandistas derrotados por aquello que no pudieron ocultar, la verdad.

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