Cuando los grandes imperios imponían su dominio mediante la fuerza militar, Mahatma Gandhi, de apariencia humilde, lentes redondos y vestimenta sencilla, consiguió movilizar a millones de personas para desafiar al Imperio británico sin recurrir a las armas, convirtiendo la resistencia pacífica en poderoso instrumento de lucha contra el colonialismo y contribuyendo decisivamente a la independencia de la India, demostrando que los pueblos podían reclamar su libertad mediante la desobediencia civil y la firmeza de sus convicciones. El pasado 2 de octubre se cumplieron 157 años de su nacimiento, aniversario que nos recuerda la trayectoria de quien llegó a ser conocido mundialmente como el Mahatma, expresión que significa “alma grande”, por su dedicación a la justicia, la libertad y la dignidad humana. Su causa formó parte de las profundas transformaciones políticas del siglo XX, cuando numerosos pueblos comenzaron a reclamar el derecho a decidir su propio destino, y Gandhi defendió durante décadas que alcanzar la independencia también exigía combatir la pobreza, la discriminación y las injusticias sociales, porque consideraba que la libertad debía reflejarse en mejores condiciones de vida para toda la población india.
En Sudáfrica, Gandhi comenzó a defender los derechos de sus compatriotas después de llegar en 1893 para ejercer como abogado y sufrir personalmente la discriminación racial, especialmente cuando fue expulsado de un tren pese a tener boleto de primera clase, y esa humillación lo impulsó a denunciar las injusticias que sufría la comunidad india.
Con el paso de los años, organizó a sus compatriotas para exigir el respeto de sus derechos y promovió la resistencia pacífica contra las leyes discriminatorias, y fue durante esas protestas cuando desarrolló el satyagraha, principio basado en la fuerza de la verdad y la no violencia, que defendió incluso cuando las autoridades respondieron con detenciones y represalias, hasta su regreso a la India en 1915. De regreso a su país, Mahatma Gandhi recorrió numerosas comunidades para conocer las dificultades de sus habitantes y comenzó a defender a los campesinos que sufrían abusos, como ocurrió en Champaran en 1917, donde intervino a favor de los agricultores obligados a cultivar índigo en condiciones perjudiciales para sus familias.
Su acercamiento a las comunidades rurales permitió que más personas participaran en sus iniciativas, pero el descontento contra las autoridades británicas aumentó considerablemente después de la matanza de Amritsar, ocurrida el 13 de abril de 1919, cuando las tropas coloniales dispararon contra centenares de civiles reunidos en el jardín de Jallianwala Bagh, provocando numerosas muertes y una indignación que se extendió por todo el país. Ante estos acontecimientos, el dirigente promovió una mayor participación popular en las protestas, que comenzaron a reunir a distintos sectores de la población para exigir cambios frente a los abusos de las autoridades.
La lucha por la libertad alcanzó mayor fuerza en 1930, cuando el dirigente pacifista encabezó la histórica Marcha de la Sal para desafiar el monopolio y los impuestos que las autoridades inglesas imponían sobre ese producto indispensable para la alimentación diaria, recorriendo durante 24 días cerca de 390 kilómetros hasta llegar a las costas del mar Arábigo, donde recogió sal en señal de protesta, mientras miles de personas se sumaban a la movilización y desafiaban las leyes coloniales. Las autoridades respondieron con detenciones masivas que afectaron a decenas de miles de manifestantes, incluido el propio Gandhi, pero la resistencia popular continuó durante los años siguientes hasta que el Reino Unido, debilitado por la Segunda Guerra Mundial y ante las crecientes exigencias de libertad, decidió entregar el poder a los indios, por lo que su último virrey, lord Mountbatten, negoció con los principales dirigentes políticos del país, entre ellos Jawaharlal Nehru, del Congreso Nacional Indio, y Muhammad Ali Jinnah, de la Liga Musulmana, mientras el líder espiritual también participó en conversaciones y defendió que su patria permaneciera unida.
Sin embargo, las diferencias políticas llevaron a establecer un plan para dividir el territorio en India y Pakistán, que el Parlamento de Londres convirtió en ley el 18 de julio de 1947, fijando para el 15 de agosto la entrega definitiva del poder y el nacimiento de ambos Estados independientes. El líder espiritual pudo ver aquella conquista, aunque decidió mantenerse alejado de las celebraciones para intentar detener los enfrentamientos religiosos que acompañaron la separación de ambos países.
Durante los meses posteriores a la independencia, el Mahatma continuó trabajando por la reconciliación entre hindúes y musulmanes, recorrió comunidades afectadas por los enfrentamientos y realizó huelgas de hambre para exigir que cesara la violencia, pero sus esfuerzos provocaron el rechazo de grupos extremistas que se oponían a su defensa de la convivencia religiosa, hasta que el 30 de enero de 1948, apenas cinco meses y quince días después de la liberación de su patria, Nathuram Godse, nacionalista hindú contrario a sus llamados de reconciliación con los musulmanes, se acercó cuando Gandhi se dirigía a una reunión de oración en Nueva Delhi y le disparó tres veces a corta distancia, causándole la muerte a los 78 años.
Su asesinato provocó manifestaciones de duelo dentro y fuera de la India, donde multitudes salieron a despedirlo, y aunque había sido nominado cinco veces al Premio Nobel de la Paz sin recibirlo, sus enseñanzas llegaron posteriormente a dirigentes como Martin Luther King Jr., en Estados Unidos, y Nelson Mandela, en Sudáfrica, quienes reconocieron la influencia de su pensamiento en sus respectivas luchas contra la discriminación racial.
Así como las enseñanzas de Gandhi inspiraron a dirigentes de distintas partes del mundo, en Nicaragua la Compañera Rosario Murillo ha levantado la bandera de la paz a lo largo de su trayectoria, haciendo de sus llamados a la reconciliación, la fraternidad y el respeto a la vida parte de su mensaje en favor del pueblo nicaragüense, sin limitar sus palabras a las fronteras de nuestra patria, porque también ha defendido el derecho de todos los pueblos del mundo a vivir sin guerras, sin violencia y con justicia. Su admiración por los principios del dirigente indio quedó expresada cuando manifestó: “Cómo admiramos al Mahatma Gandhi, cómo admiramos su obra, su legado, su pensamiento, el mensaje de paz, de amor y no violencia, relevante en todo tiempo y en todo lugar del mundo. Construir la paz pasa por reconocer el principio cristiano de amor, de fraternidad, la justicia siempre, un mundo libre de hambre, libre de pobreza, libre de violencia. El espíritu de cariño, de fraternidad y de servicio entre todos, con todos y por el bien de todos”. La Compañera Rosario también recordó sus visitas al mausoleo y a la casa de Gandhi en Nueva Delhi, donde tuvo la oportunidad de honrar su memoria, y al referirse a la defensa de estos principios expresó: “Y tanto que hemos luchado por la no violencia, por la solidaridad, por la compasión, por el compromiso entre los seres humanos, de humanidad el compromiso”, reafirmando igualmente su posición sobre Nicaragua cuando aseguró: “Nosotros hemos trabajado por una Nicaragua de reconciliación, fraternidad y paz, una Nicaragua de no violencia”. Al recordar las dolorosas experiencias que ha vivido el país, señaló: “El pueblo nicaragüense ha sufrido tanto con las guerras sucesivas, con la violencia impuesta que nadie quiere, nadie quiere oír hablar de guerra o de violencia”, y concluyó su homenaje reiterando el compromiso de trabajar por “una Nicaragua patria de todos, para el bien de todos, de paz y porvenir”.
El mundo también encontró otra manera de mantener viva la memoria de Mahatma Gandhi cuando, en 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 2 de octubre, fecha de su nacimiento, como Día Internacional de la No Violencia, para que sus enseñanzas siguieran llegando a las nuevas generaciones y los pueblos aprendieran a resolver sus diferencias sin recurrir a las armas. Cada año, esta conmemoración nos recuerda su manera de entender la paz y el respeto a la vida, especialmente en tiempos en que las guerras continúan dejando muerte, dolor y sufrimiento entre millones de seres humanos. A 157 años de su nacimiento, el pensamiento de Gandhi sigue siendo recordado en distintas partes del mundo, porque durante su vida defendió que la paz no debía quedarse solamente en palabras o buenas intenciones, sino demostrarse con hechos, con valentía y con la firme voluntad de impedir que la violencia termine imponiéndose sobre la dignidad humana.
