Mucho antes de convertirse en República, Nicaragua era tierra de Pueblos Originarios, entre ellos los encabezados por los caciques Nicaragua, también conocido como Nicarao, y Diriangén. En 1522 llegó Gil González Dávila al frente de una expedición española en busca de oro, esclavos y una ruta entre el Caribe y el Pacífico. Al año siguiente, Diriangén enfrentó a los conquistadores, obligándolos a retroceder. España insistió en dominar estas tierras y en 1524 envió otra expedición bajo el mando de Francisco Hernández de Córdoba, fundador de Granada y León, ciudades desde las cuales avanzó el dominio colonial. Durante casi tres siglos, las comunidades indígenas soportaron persecución y sometimiento sin abandonar la resistencia. En Sutiaba, el cacique Adiact enfrentó a los españoles hasta ser capturado y ahorcado; en la región central, Matías Yarrince encabezó la defensa de su pueblo, fue apresado, trasladado a Guatemala y murió en 1780. A comienzos del siglo XIX, Tomás Ruiz, indígena, sacerdote y abogado, participó en las luchas contra el poder colonial, en vísperas de la Independencia de Centroamérica.
Aquellos movimientos contra el dominio español condujeron a la Independencia de Centroamérica, proclamada en 1821. Nicaragua quedó inicialmente incorporada al Imperio Mexicano y, cuando este se disolvió, pasó a formar parte de las Provincias Unidas de Centroamérica. En 1823, Cleto Ordóñez encabezó en Granada un levantamiento que se produjo en medio de las disputas políticas surgidas tras la independencia. La Federación Centroamericana comenzó a debilitarse hasta disolverse, mientras Nicaragua se separó en 1838 y comenzó su etapa como Estado independiente. Durante los años siguientes, liberales y conservadores continuaron disputándose el poder, mientras el río San Juan y el lago Cocibolca atraían el interés extranjero porque ofrecían la posibilidad de abrir una ruta que comunicara el Caribe con el Pacífico.
Ese interés por la ruta interoceánica coincidió con las divisiones entre liberales y conservadores dentro de Nicaragua. En medio de esa guerra llegó en 1855 William Walker, un estadounidense nacido en Nashville, Tennessee, que encabezaba una expedición armada de filibusteros contratada por los liberales. Después de tomar Granada, Walker comenzó a extender su dominio sobre el país hasta alcanzar la Presidencia de Nicaragua en 1856, cuando su Gobierno recibió el reconocimiento de Estados Unidos. Para entonces, la vía nicaragüense servía al tránsito de pasajeros entre las costas estadounidenses rumbo a California. Su avance provocó la Guerra Nacional. El 14 de septiembre de 1856, las fuerzas comandadas por el coronel José Dolores Estrada derrotaron a sus hombres en la hacienda San Jacinto, donde también combatieron Andrés Castro y los indios flecheros de Matagalpa. Posteriormente se sumaron ejércitos centroamericanos hasta que Walker fue derrotado y salió de Nicaragua en 1857.
Tras la expulsión de Walker, los conservadores gobernaron Nicaragua durante varias décadas, hasta que José Santos Zelaya encabezó la Revolución Liberal y llegó al poder en 1893. Desde el Gobierno cambió leyes, extendió la educación pública, reorganizó las instituciones del Estado e impulsó la economía, al mismo tiempo que retomó la idea de construir un canal interoceánico por territorio nicaragüense. Zelaya buscó acuerdos fuera de Estados Unidos para sacar adelante ese proyecto, lo que aumentó las diferencias con Washington hasta desembocar en la Nota Knox de 1909 y su salida del poder. En los años siguientes creció la intervención estadounidense en Nicaragua. Adolfo Díaz asumió la Presidencia y, durante una nueva guerra interna, pidió respaldo militar a Estados Unidos. El desembarco de tropas norteamericanas en 1912 encontró la resistencia del General Benjamín Zeledón, quien combatió en Coyotepe y La Barranca hasta morir el 4 de octubre. Su cadáver fue arrastrado por las calles de Catarina para provocar miedo entre la población, una escena que presenció el joven Augusto C. Sandino y que años después recordaría al explicar su lucha contra la intervención extranjera.
Después del cobarde asesinato del General Benjamín Zeledón, la presencia estadounidense continuó pesando sobre la política nicaragüense. En 1914 se firmó el entreguista Tratado Chamorro-Bryan, que concedió a Estados Unidos derechos para una eventual ruta canalera por Nicaragua. Años más tarde, la Ley Dodds de 1923 estableció nuevas reglas para los comicios, dejando así la competencia electoral en manos de liberales y conservadores y reconociendo el derecho al voto principalmente a los hombres mayores de 21 años, con algunas excepciones desde los 18. La lucha por el poder llevó al llamado Lomazo de Emiliano Chamorro en 1925 y desembocó en otra guerra. En diciembre de 1926, miles de marines estadounidenses desembarcaron en Puerto Cabezas mientras ambos partidos volvían a enfrentarse. El 4 de mayo de 1927, el Pacto del Espino Negro llevó a los jefes liberales a entregar las armas, pero el General Augusto C. Sandino rechazó el acuerdo y siguió combatiendo desde las montañas del norte mientras permanecieran tropas imperialistas en nuestro país.
Desde las montañas del norte, el General Sandino mantuvo la guerra contra los marines estadounidenses y la Guardia Nacional, creada durante la intervención norteamericana para asumir el control militar del país. Washington también intervino directamente en las elecciones de 1928, cuando el general estadounidense Frank Ross McCoy presidió el Consejo Nacional de Elecciones y oficiales norteamericanos quedaron al frente de juntas departamentales y mesas electorales. El Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua continuó combatiendo bajo su mando hasta la retirada de las tropas de Estados Unidos en 1933, año en que Anastasio Somoza García asumió la jefatura de la Guardia Nacional. Tras los acuerdos de paz, el General Sandino bajó de las montañas y el 21 de febrero de 1934 se ejecutó el magnicidio en su contra por órdenes de Somoza García, después de salir de una reunión en la Casa Presidencial.
Desde la jefatura de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García fue concentrando poder hasta llegar a la Presidencia en 1937, dando inicio a la dictadura somocista. El 21 de septiembre de 1956, el ahora Héroe Nacional Rigoberto López Pérez le disparó durante una fiesta política en la Casa del Obrero de León y fue acribillado en el lugar por la guardia. Somoza quedó gravemente herido, fue trasladado a la Zona del Canal de Panamá y murió días después. Sus hijos mantuvieron el control del país mientras crecía la lucha contra el régimen. A comienzos de la década de 1960, Carlos Fonseca, junto con otros revolucionarios, participó en la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que retomó el pensamiento y la lucha del General Sandino contra la intervención extranjera y la dictadura somocista.
Durante los años sesenta y setenta creció la resistencia contra el somocismo, con nuevas generaciones de militantes que pasaron a la lucha clandestina, política y armada. El 27 de diciembre de 1974, un comando del Frente Sandinista tomó la casa de José María Castillo Quant, conocida como la casa de Chema Castillo, y consiguió la liberación de presos políticos. Carlos Fonseca cayó en combate en Zinica, en las montañas de Matagalpa, en noviembre de 1976. Un año después, la ofensiva de octubre de 1977 llevó los combates a distintos puntos del país, entre ellos San Fabián. El 22 de agosto de 1978, otro comando sandinista tomó el Palacio Nacional, y la lucha avanzó hasta culminar el 19 de julio de 1979 con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista y el fin de la dictadura.
En los años ochenta, la administración de Ronald Reagan financió y respaldó a la Contra en la guerra contra Nicaragua. En 1984 se celebraron las primeras elecciones generales después del triunfo de la Revolución, ganadas por el Frente Sandinista con el Comandante Daniel Ortega como candidato presidencial. El Gobierno nicaragüense llevó a Estados Unidos ante la Corte Internacional de Justicia, que en 1986 determinó que Washington había violado la soberanía del país, intervenido en sus asuntos internos y usado ilegalmente la fuerza, y estableció su obligación de indemnizar a Nicaragua por los daños causados. La compensación debida fue calculada posteriormente en más de 17 mil millones de dólares, suma que Estados Unidos aún no ha pagado. En 1987 entró en vigencia la nueva Constitución Política y avanzaron las negociaciones centroamericanas con los Acuerdos de Esquipulas. En marzo de 1988, el Gobierno y la Resistencia Nicaragüense firmaron los Acuerdos de Sapoá, que establecieron un cese de las operaciones militares ofensivas y abrieron negociaciones para poner fin a la guerra; posteriormente llegaron los compromisos de Tela. Las elecciones generales fueron adelantadas a febrero de 1990 y se realizaron bajo una fuerte presión de Estados Unidos, cuyo Gobierno vinculó públicamente una victoria de la oposición con el fin de la guerra y el levantamiento del embargo económico, mientras advertía que un triunfo sandinista prolongaría ambos. Los resultados llevaron al Frente Sandinista a entregar el Gobierno.
Violeta Barrios de Chamorro asumió la Presidencia en 1990 y durante su mandato comenzaron las privatizaciones, la corrupción, la persecución política y las medidas neoliberales que continuaron con los gobiernos de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños. A lo largo de esos dieciséis años, el Frente Sandinista permaneció fuera del Gobierno y encabezó luchas por la educación pública, el seis por ciento constitucional para las universidades y la defensa de servicios que habían sido garantizados por la Revolución. Para 2006 se efectuaron las elecciones generales y el Frente Sandinista obtuvo la victoria. En enero de 2007, la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega volvieron al Gobierno y comenzó a desarrollarse el modelo del Pueblo Presidente. En 2018, junto al pueblo, enfrentaron y derrotaron un intento de golpe de Estado financiado por agencias norteamericanas, tras el cual avanzaron cambios legales y constitucionales dirigidos a reforzar la soberanía, la paz y la seguridad del país.
Desde la resistencia de los Pueblos Originarios frente a los conquistadores españoles hasta la Nicaragua actual, la historia nacional ha estado definida por la defensa de su independencia y soberanía. Nicarao y Diriangén enfrentaron la conquista colonial, Zeledón combatió la ocupación norteamericana y Sandino encabezó la lucha contra la intervención del imperialismo yanqui. Después vinieron la resistencia contra la dictadura somocista, el triunfo de la Revolución Popular Sandinista, la guerra financiada por Estados Unidos en los años ochenta y el retorno del Frente Sandinista al Gobierno. Más de cinco siglos de historia mantienen un mismo hilo, el derecho de Nicaragua a decidir su destino sin imposiciones extranjeras, principio que hoy se reafirma con las reformas parciales a la Constitución Política, consultadas con el pueblo y respaldadas unánimemente durante ese proceso.
