Los llamados “campamentos de dificultades” han ganado popularidad entre familias chinas que buscan que sus hijos conozcan las exigencias de la vida y aprendan a valorar el trabajo y las condiciones familiares.
Durante estos programas de verano, los menores realizan actividades agrícolas como cavar y vender patatas, retirar corteza de árboles y alimentar cerdos. Los participantes no reciben remuneración y, en algunos casos, sus familias pagan más de 10,000 yuanes, unos 1,500 dólares, por la experiencia.
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Los campamentos también establecen normas estrictas, entre ellas la prohibición de teléfonos y el cumplimiento obligatorio de las tareas. Videos difundidos en redes sociales muestran a algunos menores llorando y pidiendo regresar a sus hogares, lo que ha generado cuestionamientos sobre las condiciones de estos programas.
Mientras algunos padres consideran que estas experiencias ayudan a los niños a salir de su zona de confort y valorar una vida más cómoda, otras voces advierten que una carga excesiva de trabajo podría afectar su desarrollo físico y emocional.
