Intentaba escapar de un oso cuando un rayo cayó sobre el árbol al que se acercaba para ponerse a salvo junto a su caballo. La descarga alcanzó al animal y al militar, en Altái, Siberia.
El caballo murió por el impacto y cayó sobre la pierna del hombre. El rayo también le golpeó la nuca, le incendió el gorro y parte de la chaqueta, y dejó su cuerpo paralizado. Pero lo peor todavía no había terminado.
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Con una sola mano logró liberarse del caballo y comenzó a arrastrarse más de un kilómetro hasta una carretera. ¿El problema? El oso seguía detrás de él. Para mantenerlo alejado, tuvo que disparar al aire mientras avanzaba.
Durante el trayecto, según el ministro de Salud de Altái, el militar incluso tuvo que hacerse masajes cardíacos cada vez que su corazón dejaba de latir. Finalmente, unas personas lo encontraron y lo llevaron a un hospital.
Sobrevivió al rayo, al caballo que cayó sobre él y a un oso que nunca dejó de perseguirlo. Definitivamente, aquel día la suerte no parecía estar de su lado.
