Motivada por el dinero, María Ángeles Molina mató a su amiga Ana María Páez Capitán para sacar un préstamo millonario.
Pero eso no es todo; después de robarle su dinero, la mató y simuló un crimen sexual, mientras llevaba a cabo una rutina común y sin levantar sospechas.
El cuerpo de Ana lo encontró días después una empleada doméstica que alquiló el departamento por unos días. Pero hasta que una serie de movimientos bancarios y maniobras previas llamaron la atención, se pudo reconstruir el plan y señalar a la persona que había estado detrás del asesinato.
Leer Aquí: Crean drogas virtuales para alterar las inteligencias artificiales
El mismo día de la desaparición de Ana, una mujer había retirado dinero de su cuenta. La policía investigó a María y encontró en su casa documentación personal de la víctima, tarjetas bancarias, fotocopias relacionadas con sus finanzas y varias pelucas.
De esta manera, se estableció la hipótesis de que María Ángeles, apodada como “Angie”, había suplantado la identidad de su amiga durante meses. Con esos datos, había solicitado créditos, realizado movimientos financieros y contratado seguros de vida a nombre de Páez por un monto cercano al millón de euros. Parte de ese dinero ya había sido cobrado antes del homicidio.
Para reforzar la teoría de una “práctica sexual que salió mal”, Molina había contratado previamente a trabajadores sexuales, a quienes pagó para obtener muestras de semen que conservó en frascos.
Luego las utilizó para contaminar el cuerpo de la víctima. La idea era que se creyera que Ana había participado de un trío sexual y que murió en ese contexto. Finalmente, la amiga ya está pagando una condena.
