Opinión: 01/02/2017

No hay vuelta atrás, Nicaragua

Autor: Radio Nicaragua

Edwin Sánchez

I

Transformaciones. Cada época trae lo suyo. No se pueden echar los nuevos rumbos en los viejos odres del tiempo. Los calendarios pretéritos ya jamás alguien los colgará en el clavito de la pared para usar otra vez los aciertos y los errores, los amores y los desamores, las alegrías y las tristezas. Las experiencias, y no todas, resultan útiles, pero ningún ayer entero es reciclable: proponerlo sería una necedad, mas no una necesidad.

Algunos que tienen el alma de un cangrejo con el sentido desarrollado del regreso, y la predisposición del resentido a dudar del progreso, creen que “la historia se repite” como si ya viniera publicado en un Almanaque, en el cual lo que ya sucedió se reproducirá inexorablemente, igual que si se tratasen de festividades religiosas, civiles, feriados…

Invocan, y otros provocan, desde esa ilógica, aunque los hechos expongan lo contrario, que las guerras y las dictaduras, el destierro y las cárceles, las torturas y las muertes, ocurrirán porque así ya aconteció desde Pedrarias Dávila. Que volverá a rugir la voz del cañón.

En la antípoda de lo que es la Historia, para los sabios dedicados a relatar Nicaragua desde su infame Cangrejopedia, todo está reducido a un círculo; el retorno al punto de partida es una “ley”, solo que, si así fuese, ya no sería un punto, sino un hundimiento de tanto hollarlo con la absurda repetición de sus vetustas fobias.

Los almanaques del diablo no existen más que en la mente de los que están atados por los demonios del pasado, con la alucinada idea de que los archivos fatales ocupan ya la primera plana, las hemerotecas suplantan la actualidad y, ¡por supuesto!, los pretenciosos de hoy “encarnan” a los que han considerado sus héroes, y bajo ese ropaje de autoridad ficticia y biografía postiza, validar sus retorcidas y estrafalarias lecturas de la realidad: que en Nicaragua hay “una dictadura".

Los eclipses solares pueden predecirse con precisión matemática, determinarse con exactitud los días y horas del fugaz paso de Las Leónidas en los cielos de noviembre y anunciarse la visibilidad de los planetas mayores.

Así es el sistema estelar, pero aquí no hablamos de seres estelares, sino de políticos menores, provincianos y desesperados. Se sienten “atacados” por los avances de Nicaragua, pero atascados sería la palabra justa para ilustrar sus malhadados propósitos: atascados en las centurias anteriores; atascados en su obsoleta visión de país; atascados en textos que escritos desde una perspectiva de alcurnia en antiguos contextos, insisten no solo en elevarlos a escrituras canónicas sino en forzar a sus admirados paradigmas en profetas que nunca fueron ni pretendieron serlo, por mucho que hayan sufrido exilios o martirios.

La orfandad de pueblo podría ser el disparador de este tipo de desvaríos que no es, si se profundiza, un asunto propio para resolverlo en la mesa de un diálogo nacional, sino en prolongadas sesiones en el diván del psiquiatra.

II

A los hiperderechistas les pesa que Nicaragua cambie para bien. No lo soportan. Por eso imploran abiertamente, y con ansias, la Nica Act. Les duele el éxito ajeno porque pasaron por el poder sin pena ni gloria. No hicieron nada. Lo único “memorable” fue restituir, hasta donde pudieron, la república bananera, en un frustrado intento de dar marcha atrás a la irreversible rueda de la Historia.

Los errores de los 80 no justificaban el concepto de “tierra arrasada” –ejecutado por los extremistas de derecha en los 90– para desaparecer, pese a la agresión de Reagan, los logros revolucionarios alcanzados por un pueblo despreciado por la elite conservadora.

Menos que se haya actuado con justicia al decretar, de facto, la “operación limpieza” contra el sandinismo, con el objetivo supremo de borrarlo de la memoria colectiva, tal como Anastasio Somoza García anheló hacerlo, de manera sangrienta, con el general Augusto César Sandino.

El hábito de oponerse al sentido de las manecillas del reloj, con el vano deseo de reinstalar el siglo caduco, se mantiene con su envenenada punta de lanza de exterminar al FSLN, no por ser parte de los anales del país, sino por lo que es más imperdonable todavía: ser responsable de mover la Historia.

III

Cobijándose bajo un manto de adalides de la democracia, pero dejando por fuera sus pies orientados al atraso, abogan por un “diálogo nacional” que no sería más que la puesta en escena de su monólogo neocolonial.

Por si fuera poco, los expertos del desencuentro colocan su catálogo de distorsiones, falsedades y detracciones como la piedra angular sobre la cual, según los “sueños de la lechera”, debe establecerse su agenda aquí-se-hace-lo-que-yo-quiero: “la Nicaragua que se debe construir”.

No satisfechos, quieren estar a la par de las fuerzas vivas de la nación, pero, ¿en qué país se ha visto que insípidos líderes de papel periódico que personifican nada más que sus propias ambiciones políticas y/o de elite, carentes en cualquier caso de representatividad nacional, sean los que presidan el encuentro y hasta dicten órdenes a la OEA?

No tienen la mínima vergüenza de autocondecorarse con la gloria de los generales vencedores de una gran batalla, para mandar al carajo, autoritariamente, a los supuestos “vencidos” con todo lo prosperado en temas tan vitales como inclusión social, crecimiento económico de los más altos en América, programas socioeconómicos, democracia con contenido, inédita alianza empresa privada-gobierno-trabajadores, miembro del club de los cuatro países del hemisferio occidental con mayor seguridad ciudadana…

¿Cómo ignorar, olímpicamente, lo adelantado en diez años? El 81.3% del pueblo está convencido de que el presidente Daniel Ortega conduce el país en la Dirección Correcta, en tanto los que suponen va en la dirección equivocada, suman solo el 10.1%.

Ambicionan regir con su narrativa conservadora a la nación, comenzando con la colosal falacia de que Nicaragua fue arrasada por un “cataclismo” y debe empezarse de cero, cuando precisamente el 79.3% de la sociedad evaluó que “El Gobierno actual es Factor de unidad”, mientras, apenas el 10.8%, percibió que alentaba “la desunión y el conflicto de los nicaragüenses” (M&R, enero 2017).

Toda obra de manufactura humana siempre es digna de mejorarse, pero he aquí los fracasados procuran desmantelar las victorias nacionales, destruir la paz social y desarmar el futuro con otra Operación Limpieza, tema de fondo de sus reclamos.

Pero, ¿quién en su sano juicio, libre de odio y rencores, quiere pasar del apogeo a la decrepitud, de la imaginación y el cristianismo a la prosaica imitación de épocas tristes y deshumanizadas?

El mundo gira, no se detiene, Nicaragua tampoco. No hay vuelta atrás.