Opinión: 24/01/2017

Minoría radical contra OEA por no firmar otra Nota Knox

Autor: Radio Nicaragua

Edwin Sánchez

Le entregaron rosas y ahora solo quedan las espinas del tallo. Las púas del resentimiento no se marchitan con facilidad en esta clase de almas. Perduran más que la gratitud.

El Secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, pasó de ser venerado por el exiguo radicalismo, a ser denigrado solo porque el Informe fue en conjunto con el Gobierno y no por separado. Y, sobre todo, porque no se ajustó a sus dictatoriales exigencias.

Así se comportan siempre las minorías arrogantes. No aceptan su falta de representatividad y les incomoda que las juzguen conforme al ínfimo peso e incidencia que tienen en la sociedad: quieren que la atiendan como si se tratase del país mismo. Por eso pretenden, desde su soledad, que las instituciones y hasta organismos hemisféricos y gobiernos, les obedezcan y ejecuten sus demenciales caprichos.

Resienten, por el caso, que la OEA no haya venido a demoler el orden constitucional de Nicaragua, resienten que no declare nulos los comicios de noviembre pasado, resienten que el Secretario General no haya mostrado en Managua el rostro de la amargura ajena.

Antes solían visitar al señor Almagro en Washington, se tomaban fotos con él, las publicaban orgullosos, y retornaban satisfechos como los musulmanes cuando han cumplido con la promesa de ir a La Meca. Se sentían iluminados. Entonces lo confundían con Henry Kissinger, creían verle un aire a John Foster Dulles, y los más suspirantes, como el MRS y el partido impreso, le encontraban un notable parecido a Philander Chase Knox. Soñaban, pues, con una nueva Nota Knox, versión latinoamericana: “La Nota Almagro”.

Estas obsesiones nos muestran el lado bananero del realismo mágico en que se mueven algunos, que en vez de producir cultura, reproducen la decadencia del pensamiento conservador neocolonial… ¡en pleno siglo XXI!

Uno de los deberes de la responsabilidad es ir de la mano de la realidad, para contribuir, construir y no destruir. La OEA y el Gobierno de Nicaragua suscribieron el informe conjunto para “Apoyar el fortalecimiento de las instituciones democráticas del país de acuerdo a los compromisos del Estado de Nicaragua con los instrumentos normativos del Sistema Interamericano y su ordenamiento jurídico interno”.

Además, entre otras materias, la Secretaría General de la OEA, “conforme a los Principios de la Carta Democrática Interamericana, dará seguimiento de forma objetiva, imparcial y transparente, y con la capacidad técnica apropiada, a las elecciones municipales 2017 en el marco de la invitación del presidente Daniel Ortega a dar acompañamiento a las mismas para seguir fortaleciendo el proceso electoral y su institucionalidad”.

Hay que poner en claro algunos falsos que la minoría hiperderechista ha tratado de vender como axiomas. El primero de ellos es que se autoproclama “el pueblo de Nicaragua”, al punto de decir que “el informe no llenó las expectativas que se tenían en el país”. ¿Expectativas de los talibanes de derecha?

 

Para empezar, la población de Nicaragua supera los 6 millones de habitantes. Tantos millones de nicaragüenses no pueden ser comprimidos en el 2-4% que a duras penas suman los radicalistas en sus diversas presentaciones.

Nadie, ni siquiera los vecinos de su cuadra, ninguna delegataria, depositó en estos “líderes de mesa”, un encargo, un mandato, una orden, de conformar misiones para ir a poner quejas a la OEA o a la oficina de doña Ileana Ros-Lehtinen.

Simplemente, sin contar con el respaldo de al menos el 7% de la población, se fueron a su periplo a decir lo que les dio la gana, con la enorme falacia de que son “Nicaragua”.

Es esencial que la OEA valore qué son estas escisiones y micro fracciones desprendidas de otros núcleos burocráticos, y qué porcentajes marcan en el mapa poblacional de nuestra nación, y cuánta la fortaleza nacional del Gobierno de Nicaragua.

Verdades

En noviembre del año pasado, mes de las elecciones en Nicaragua, CID Gallup informó que “El año 2017 se espera con optimismo en dos de los países de la región centroamericana y República Dominicana, ambos con presidentes reelectos este año: Danilo Medina y Daniel Ortega”.

Un reconocimiento tácito a las elecciones en las que resultó triunfador el comandante Ortega y la Vicepresidenta, Rosario Murillo.

“‘Si se valora bien al ejecutivo, se percibe que el país está “caminando por el rumbo correcto’”, subrayó Cid Gallup. Tales son los casos de Nicaragua y República Dominicana.

En agosto, M&R reportó, antes de que se resolviera la litis interna y posterior división del Partido Liberal Independiente (PLI)- MRS, que esa alianza registraba una intención de votos del 3.9%. Aun con ese porcentaje de infortunio, una parte se reorganizó en “Ciudadanos por la Libertad” y el otro tuco en el “Frente Amplio”, sin incluir las siglas descontroladas en el cuerpo de la falsificada “verdadera oposición”.

De ahí que surjan “frentes amplios”, “unidad de”, “coalición tal”, “ciudadanos por…”, “partido por la mitad”, “movimiento de la unidad”, “grupo de los 27”, “derechos humanos”, “movimiento por Nicaragua”, etc., cada uno con su propio dialecto de lo que es la democracia, dictando, desde esa aparatosa Torre de Babel, lo que debe y no debe hacer la OEA.

Ciertamente, la organización americana no ha encontrado en estos trozos de partidos más que políticos duchos en la obstrucción y no en ejercer una oposición seria.

El señor Almagro ahora entenderá, de primera mano, por qué el pueblo de Nicaragua se distancia cada día más de la hiperderecha, y su “corona”, el MRS, que arrancó 2017 con el 0.1% de “popularidad”.

Además, el Sistema de Monitoreo de Opinión Pública (21 de Noviembre 2016-18 de Enero 2017) reveló que el 79.4% de nicaragüenses está satisfecho con el funcionamiento de la democracia, mientras el 6.4% dice estar insatisfecho.

Las “multitudes”, pero de siglas, partidos y líderes de papel periódico, son las que ahora, de antemano, descalifican el trabajo de la OEA y han comenzado a desarrollar una campaña de desprestigio en contra de su Secretaría General.

Es exactamente lo que la vieja elite conservadora ha hecho con Nicaragua, donde se arroga el derecho “divino” de ser la ungida para gobernar e imponer como verdad absoluta, amén de tantas falsedades, su fallido pensamiento único.