Opinión: 20/01/2017

Al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

Autor: Radio Nicaragua

Edwin Sánchez

I

Señor Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump: Usted llega sobre una ola de rumores, especulaciones y vaticinios funestos de “gurúes”, “adivinos” y “chamanes” de la hiperderecha que se presentan como “expertos”, “analistas” y prensa comprometida “con la verdad y la justicia”, primorosas formas de enmascarar a los redactores de infamia.

El instrumento para “ver” el futuro, señor Trump, es una bola de cristal cascada por la frustración y empañada de malestar y resentimiento por la simple razón de que usted les echó por tierra todas sus calculadas y sesgadas “predicciones”. Se enfrentó nada menos que a las “deidades” de cierta prensa, y les ganó.

Como no aceptan que un “novato” en política les haya probado que no son dioses, aunque sí de barro y de la peor calidad, entonces formulan sus peores augurios.

Aquellos que no son tan “diplomáticos”, sino hijos del padre de la Mentira, se lanzan contra usted con la más antiquísima acusación en los anales del diablo: que Moscú le favoreció en su campaña. Y, por tanto, “no es legítima” su presidencia.

Bueno, para la derecha ultraconservadora, que no es sinónimo de Democracia ni de los nobles valores de Estados Unidos, le llegó el momento de practicar en su nación lo que ha hecho, históricamente, en los países que degradaron a “patios traseros”. Ahí contaron con la venia y admiración nativa de partidos, medios y dirigentes “democráticos” invertebrados: que cualquier movimiento o líder que no fuera ungido por sus embajadas, era obra del “Comunismo Internacional”, entiéndase Kremlin.

Que si Jacobo Arbenz en Guatemala y Salvador Allende en Chile, alcanzaron el poder, es porque la Unión Soviética, el “terrible oso”, quería una cabeza de playa para agredir a los Estados Unidos en sus narices.

La prensa imperial y algunos sectores de Inteligencia, esos que lo descalifican como Presidente, allanaron el camino a punta de desestabilización y desinformación. Así justificaron los cuartelazos y pusieron en pedestales de papel periódico a Castillo Armas y Pinochet. Vieja práctica del club de la perversidad.

Del recordado Eduardo Galeano comparto la siguiente denuncia que radiografía a los socios de la descomposición del mundo y demuestra cómo actúan impunemente, en nombre del “periodismo independiente”, la defensa del “Estado de Derecho” y el imperio de la “Libertad”:

“Cuando el pequeño ejército loco de Augusto César Sandino (1895-1934) se lanzó contra la ocupación colonial, The Washington Herald y otros diarios norteamericanos llamaron a Sandino agente bolchevique y denunciaron que actuaba a las órdenes de México y al servicio de la expansión soviética en América Central. México era la Cuba de entonces: el presidente Calles (1924-1928) había aplicado unos intolerables impuestos a las empresas petroleras norteamericanas, de modo que los manipuladores de la opinión pública lo señalaron como hombre de Moscú”.

Esta clase de medios y políticos, que tendrían en Joseph Raymond McCarthy a su “prócer”, imputan a Rusia de ser la responsable de cualquier cosa que ocurra en el planeta. Son los que han contribuido a rebajar la democracia al disparate de creer que las naciones pequeñas están destinadas, per saecula saeculorum, a rendirle honores a los “consejeros externos”, léase procónsules, como si fueran los ángeles guardianes de la cultura democrática.

Tal cacería de brujas, señor Presidente, iba acompañada de una lista –al parecer aún no la han cerrado– en la que figuraron honorables personas que desestimaban como viable una revolución “comunista”. Nada de eso importaba.

Si desapareció la URSS, hay que reinventar por enésima vez al mismo “enemigo”: Rusia. Ahora, lo único nuevo es que a la lista negra agregan su nombre, señor de Donald Trump. ¡Cuídese! Porque ya sabemos lo que eso significa, al menos en Latinoamérica.

II

Señor Trump, Nicaragua es un Estado soberano, libre, unitario, indivisible. Así lo consagra la Constitución de la República, y, por supuesto, en ningún idioma, ni siquiera en el dialecto más primitivo de las tribus en conflicto, es posible traducirlo como una declaración de guerra a Estados Unidos. El General Sandino y sus seguidores, el Frente Sandinista, no odian, nunca han odiado, a su admirable Patria.

Tampoco, estimado Presidente, hay un mandamiento para glorificar el entreguismo y marmorizar con la palabra impresa, televisada o radial, a Máximo Jerez, Adolfo Díaz, Diego Manuel y Emiliano Chamorro, y otros especímenes de ese atroz linaje.

Si hay quienes hoy no solo les rinden tributo con sus actitudes y diatribas, sino que suspiran públicamente volver a esos viejos tiempos, cuando el Departamento de Estado y/o Wall Street, designaba “Presidente de Nicaragua” al general, empleado de las bananeras o administrador de las compañías mineras, u otro adicto a la ocupación estadounidense, es porque hay libertad de expresión, de pensamiento y hasta de culto a lo más abyecto del pasado.

Hay ciertas naciones poderosas que sabiendo la existencia de este tipo de “nicaragüenses”, gustan de pontificar –a veces directamente y otras a través de sus oenegés– sobre cómo Nicaragua debe hacer tal o cual cosa; que “no nos agrada equis asunto” del Ejército o que la Corte Suprema y el Tribunal Electoral deben desempeñarse así y así.

Sin embargo, cuando usted, Presidente Trump, antes de la toma de posesión, mostró su aprobación al Brexit, pinchó un “me gusta” a Londres, habló de la Unión Europea y cuestionó el funcionamiento de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, nadie dijo que usted estaba preocupado por fortalecer la democracia en ese continente.

Al contrario, un cable de AFP consignó: “‘Los europeos tenemos nuestro destino en nuestras propias manos. Voy a continuar comprometiéndome para que los 27 Estados miembros (ya sin Reino Unido) trabajen juntos mirando al futuro”, dijo la jefa del gobierno alemán, Ángela Merkel, criticada por Trump por su política migratoria’”.

Parece que por ahí son muy sensibles con su eurosoberanía. Se han sentido lastimados y peligrosamente “agredidos” por usted.

Se entiende, señor Presidente, que la soberanía no es una patente de Europa o la Marca Registrada de alguna potencia en particular: es consustancial a cada Estado.

Por eso, antes que cualquier sistema de gobierno, elección del mismo y trabajo de las instituciones, la mayor preocupación de los mandos europeos fue trazar una infranqueable línea… ¡para advertir a los extranjeros hasta dónde pueden llegar! Impusieron y asumieron sus límites con claridad: “tenemos nuestro destino en nuestras propias manos”.

III

Precisamente, señor Presidente, por defender el derecho inalienable de “tener nuestro destino en nuestras propias manos” es que desde José Dolores Estrada en 1856, Benjamín Zeledón en 1912, Augusto César Sandino entre 1927 y 1934, hasta el Frente Sandinista, con el comandante Daniel Ortega y la hoy Vicepresidenta Rosario Murillo, Nicaragua ha sufrido de guerras, invasiones, golpes de Estado, “elecciones” supervigiladas, dictaduras, agresiones, embajadores procónsules…

La reacción de Europa se dio cuando ni siquiera hay hechos consumados. Cuando usted no se encontraba en Washington sino a 368 kilómetros de la Casa Blanca; cuando no había dicho una sola palabra como el cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos de América.

Pero François Hollande, presidente de Francia, le replicó que la UE “no necesita consejeros externos para decirle lo que tiene que hacer”.

La pregunta es, señor Trump: si Europa no necesita de “consejeros externos” que le digan “lo que tienen qué hacer”, ¿por qué Nicaragua debe aceptar como “palabra de Dios” lo que cualquier potencia opine, dictamine, falle y dicte sobre cualquier tema que solo compete a los nicaragüenses?

Lo que ha sostenido el presidente galo es lo que Nicaragua también ha defendido con sus mejores hombres y mujeres, y por eso –da la causalidad– hemos padecido una prolongada tragedia, “A través de las páginas fatales de la historia…”, como bien escribió Rubén Darío.

Qué magnífico sería señor Trump, que el Secretario de Estado saliente, que se unió a los líderes europeos en su rechazo a usted, en vez de tratar de darle cátedra sobre política internacional, mejor se la impartiera a aquellos congresistas que quieren castigar a Nicaragua con otra intervención más en su desgraciada historia, la Nica Act, para provocar, irremediablemente, un éxodo a su país:

“Fue inapropiado para un presidente electo de Estados Unidos inmiscuirse en asuntos de otros países tan directamente” (John Kerry). .

Inapropiado para Europa, pero apropiado para Nicaragua que se inmiscuyan en sus asuntos internos. ¡Por el amor de Dios!

Que el Altísimo, en el nombre de Jesús, le bendiga en su Presidencia. A usted, al Vicepresidente Mike Pence y a los Estados Unidos de América.