Opinión: 17/01/2017

Se van los “pies secos”, queda la Revolución fresca

Autor: Radio Nicaragua

Edwin Sánchez

I

La hoy derogada regla “Pies secos/ pies mojados” es solo parte de una serie de políticas anacrónicas destinadas a someter de nuevo a Cuba por asumir, desde 1959, sus responsabilidades de República. A la vez, exhibió a sus agresores que ni genética ni patrióticamente estaban hecho del mismo material heroico de Washington, Jefferson, Adams, Franklin, Madison, Hamilton y Jay.

¿Por qué los dirigentes la Unión Americana durante 25 años consecutivos se opusieron al consenso democrático de las Naciones Unidas, cuyo voto universal aprobaba la resolución que solicita el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por ellos a Cuba?

Sin embargo, el presidente saliente, Barack Obama, se desmarcó de esta injusticia y el año pasado por fin ya no votó en contra de lo que exigía la civilización. Al menos se abstuvo, manteniéndose el apoyo de 191 de los 193 Estados miembros.

La embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Samantha Power, confesó: “En vez de aislar a Cuba, como el presidente Obama ha dicho en varias ocasiones, nuestra política ha aislado a Estados Unidos”.

La apertura del mandatario estadounidense debe proseguir en la Casa Blanca, si convencidos de la Democracia, reconocen las historias nacionales de cada país, donde sus únicos protagonistas deben ser sus ciudadanos mismos, no ningún agente extranjero.

Entonces no habría problema o algún trauma mal curado de la Guerra Fría, si tan solo el entrante presidente Donald Trump y sus consejeros practicasen el mandato de los Padres Fundadores de la Gran Nación respecto a Cuba y demás naciones del mundo: que “están libres de toda lealtad” a cualquier Corona y “como Estado Libres o Independiente, tienen pleno poder para hacer la guerra, concertar la paz, concertar alianzas, establecer el comercio y efectuar los actos y providencias a que tienen derecho los Estados independientes” (Declaración de Independencia, 4 de Julio de 1776).

Dejar de ser república bananera no significa transformarse en enemigo de los Estados Unidos.

II

A lo largo del tiempo se comprobó que la famosa “persecución” a los cubanos es un mito de la dictadura mediática transnacional. Así como se fueron, también, ya instalados en los Estados Unidos, los exiliados y ex migrantes, retornaban a Cuba periódicamente, muchos de ellos, incluso, recuperando la ciudadanía abandonada, disfrutando de la Isla, de la compañía de sus familias y del sentido común: amar a su patria.

La “Pies secos…”, como las otras leyes, solo estaba destinada a poner en escena, artificialmente, el fastidio de la población hacia la Revolución.

Quítenle ustedes a Cuba el bloqueo económico que le ha costado al pueblo caribeño mil millones de dólares desde 1962 (El Nuevo Día, Puerto Rico, septiembre 2015); quítenle el prolongado aislamiento internacional –Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos el 31 de enero de 1962–; quítenle el veto en organismos multilaterales; quítenle las sanciones a empresas, inversionistas y banca que se atrevieran a sostener algún vínculo con La Habana (Ley Helms-Burton)…

Quítenle ustedes en los años 60-70-80-90 la “Letra Escarlata” con que se marcaba a toda nación que cometiera la “herejía” de restablecer relaciones diplomáticas y comerciales con la Perla de las Antillas...

Quítenle ustedes la invasión de Bahía de Cochinos, los cientos de atentados contra el líder de la Revolución Fidel Castro, la voladura del vuelo 455 de Cubana de Aviación con la delegación olímpica de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1976; quítenle los sabotajes a la producción, entre otros golpes siniestros, sin incluir los planes ejecutados por el terrorista “democrático” nunca llevado a prisión, Luis Posada Carriles...

Ahora imaginemos que Fidel, los barbudos y su pueblo se dedicaron sin interferencias a hacer la Revolución, sin que le cortasen, además, las materias primas y los necesarios intercambios de equipos y materiales médicos y de laboratorio…

¿Se imaginan dónde estaría hoy Cuba, una potencia en medicina, en algunas otras ciencias, en deporte, en solidaridad planetaria, si no se le hubiese tratado de exterminarla del mapa de las proezas?

Todo esto es parte del contrasentido de la derecha conservadora. Si sus halcones de pluma o pistola predican que el socialismo es “un manicomio improductivo” que “lleva adentro su propio mal” y que el sistema desembocará irremediablemente en el colapso, ¿a qué tanta obsesión por destruir la Revolución?

III

“Entre los individuos, como entre las naciones”, diría Benito Juárez, se ataca al éxito, molesta la gloria ajena, se maltrata la reputación del triunfador, de ahí que se hayan disparado tantas agresiones a la República de Cuba. La extrema derecha en Latinoamérica lo aplaudió al unísono con toda su miseria humana: primero, con sus gorilas y, después con sus partidos, medios, gobiernos y discursos bananeros, amén de las envidias mal disimuladas.

A los fracasados no se les critica, a los mediocres nadie los cuestiona, a los frustrados nunca se les considera un “peligro”, a los perdedores no se les hace la vida de a palitos. Si se fueron con toda la caballería contra Fidel es porque su prestigio dolía, y sus logros sociales, en un país asediado y con pocos recursos, resultaban intolerables.

A cada Izquierda según su Historia. Fidel demostró que la Revolución Cubana es auténtica, no copia, y él mismo se encargó de desaconsejar como Rubén Darío, en su recordatorio de Wagner: “Lo primero, no imitar a nadie, y sobre todo, a mí”.

La inspiración es otra cosa y a ningún creador se le echará preso por cumplir con “la primera ley” dariana: crear. Porque nadie –ni un país ni una persona que se consideren a sí mismos– se pone la vida de otro.

Revolución irrepetible, responsabilidad exclusiva-inclusiva de la cubanidad, con las virtudes y errores de toda obra humana, probó sus certezas al derrumbarse el socialismo, versión europea, con todos sus dogmas del siglo XIX. Ningún satélite sobrevive al planeta madre, mucho menos la fe del creyente ante el ídolo derribado.

Para los ultraconservadores es insoportable que un país se haya atrevido a convertir su Acta fundacional en un verdadero Acto de Independencia.